Fihman publicaba los domingos en el diario "El Nacional" en la década de los 80, con
el nombre "Los Cuadernos de la Gula", que sería recopilada en dos libros con el
mismo nombre posteriormente.
Justamente en ese artículo se registra la historia del plato "Pasticcio Ferrarese"
que Ben Ami Fihman describe asi:
"un elegante pastel de maccheroni, cuya preparación es laboriosa y larga y el
resultado combina las albas suavidades de la vainilla, la profundidad de la trufa,
la sencillez del pollo y la siempre bienvenida caricia de la pasta.
Los maccheroni, envueltos en una cúpula, la del sombrero religioso, de masa dulce,
quebradiza y barnizada con pintura de huevos, se dejan arropar, dentro, por el
edredón de la bechamel y el aroma del vino blanco. Por momentos, la costra dulce
rellena de pollo me hizo recordar al plato de polvorosa caraqueño, el "pasticcio
ferrarese" sin embargo es inconfundible y goza del raro privilegio de una partida de
nacimiento histórica que lo hace ver la luz en el año 1700 como homenaje, de ahí
la litúrgica forma, a la visita de la legación pontificia a la ciudad de los Finzi Contini
(Ferrara). Un plato sin pompa pero inolvidable; una buena razón para seguir escribiendo."
Ese plato poco conocido fuera del ámbito cultural de Ferrara, lo prepara una gran
amiga de mis padres, la Sra. María Luisa Marcolini de Hurtado, y justamente fue el que
seleccioné como mi trabajo final, mi tesis de grado, en la Academia "Le Gourmet's
de Valencia...Debo reconocer que hasta mi abuelo participó buscando las trufas en
la inolvidable tienda del exclusivo restaurant "El Gazebo" de Caracas, cuando vivíamos
la "Venezuela saudita".
Pasé con muy buena nota pero el exquisito "Pasticcio Ferrarese" que cautivó a Ben Ami Fihman fue desplazado por una "Olleta de gallo"...¿Serían las trufas desconocidas en
estos lugares el defecto encontrado? porque el famoso plato también sucumbió ante
las tostadas de chencho, de cuajada y de pernil del desaparecido "Perecito", pues como
Ben Ami Fihman las nombra, y el título de la columna es "A Valencia por un plato", desde la
barra y los clientes de la famosa y recordada arepera se creó la leyenda urbana valenciana,
que esa visita y el título se debía a que el gourmand vino a degustar las inolvidables tostadas.
¿Dónde residirá el secreto de esta exquisitez ferrarese que admirada en el mundo de los gourmets selectos no tuvo éxito en Valencia???

Ben Amí Fihman exhumó viejos textos olvidados
El escritor venezolano publicó "La quimera del norte"
El autor caraqueño, residenciado en París, ya trabaja en una novela corta CORTESÍA ANDREINA MUJICA
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EL UNIVERSAL
viernes 12 de abril de 2013 12:00 AM
Ben Amí Fihman (Caracas, 1949) reescribió sus viejos cuentos para armar un nuevo libro. La quimera del norte, que fue publicado por Monte Ávila Editores Latinoamericana, es un volumen que exhumó textos que ya estaban olvidados. Una especie de antología con relatos reconstruidos que ya no son los mismos de antes.
Un hombre que se escribe una carta a sí mismo; un gastrónomo que, cansado de todos los sabores, se come su propio cuerpo; un león de circo que se venga de sus domadores; un narcotraficante mexicano acorralado por la policía. Las historias de Fihman trasladan al lector por escenarios y personajes casi fantásticos.
Uno de los protagonistas de los cuentos de Fihman dice que los días y las noches son incesantes palimpsestos (p.120). El autor también cree que la literatura es eso: reescritura. Escribir sobre lo ya escrito. "Si como los hindúes, creemos que somos una reencarnación en la cadena de las vidas anteriores, el libro de la vida se escribe como un palimpsesto (...). Muchas veces se escribe el mismo texto, inclusive colectivamente. Los escritores de una época escribimos sobre los escombros o manuscritos deteriorados de libros del pasado. Toda formación de un escritor empieza por la imitación", dijo el narrador, que hoy está residenciado en Francia.
Las ciudades tienen una fuerte presencia en los relatos de Fihman, casi son personajes. El vivir en el extranjero le ha resultado una experiencia favorable a la hora de escribir. "Las ciudades son como cajas de Pandora y cofres de secretos maravillosos que tienen mucho que ver con la narrativa. Los grandes narradores del siglo XIX están íntimamente ligados a ese prodigio que fueron las grandes ciudades que aparecieron en el siglo XVIII: un Dickens en Londres, un Balzac en París. La ciudad es la mayor creación y el crisol donde se forjan los sueños de la imaginación y de la inteligencia, de la poesía y de la ciencia".
Algunas de las historias de La quimera del norte tuvieron su punto de partida en crónicas gastronómicas o de sucesos. Fihman también las transformó, con el tiempo, en ficción. "Lo que ocurre es que algunas de esas crónicas eran relatos disfrazados de columna gastronómica y, en el caso del reportaje de sucesos, los hechos imitaban la ficción y lo incluí (...). La literatura, aun la más imaginativa, es siempre un plagio de la realidad, que se impone", agregó el fundador de la revista venezolana Exceso.
El ejercicio del periodismo le sirvió al narrador para acercarse aún más a la literatura. Ya se sabe de la estrecha relación que hay entre ambos oficios. "El periodismo es una fuente esencial de la literatura. Muchos novelistas o poetas han sido estimulados por el periodismo. El mismo Edgar Allan Poe escribía reseñas para revistas. El periodismo y la literatura parecen hermanos gemelos. Las páginas de los diarios han sido vehículo hasta del ensayo y la poesía", concluyó Fihman. La quimera del norte rescata varias de esas viejas hojas.
Twitter: @Daniel_Fermin
Un hombre que se escribe una carta a sí mismo; un gastrónomo que, cansado de todos los sabores, se come su propio cuerpo; un león de circo que se venga de sus domadores; un narcotraficante mexicano acorralado por la policía. Las historias de Fihman trasladan al lector por escenarios y personajes casi fantásticos.
Uno de los protagonistas de los cuentos de Fihman dice que los días y las noches son incesantes palimpsestos (p.120). El autor también cree que la literatura es eso: reescritura. Escribir sobre lo ya escrito. "Si como los hindúes, creemos que somos una reencarnación en la cadena de las vidas anteriores, el libro de la vida se escribe como un palimpsesto (...). Muchas veces se escribe el mismo texto, inclusive colectivamente. Los escritores de una época escribimos sobre los escombros o manuscritos deteriorados de libros del pasado. Toda formación de un escritor empieza por la imitación", dijo el narrador, que hoy está residenciado en Francia.
Las ciudades tienen una fuerte presencia en los relatos de Fihman, casi son personajes. El vivir en el extranjero le ha resultado una experiencia favorable a la hora de escribir. "Las ciudades son como cajas de Pandora y cofres de secretos maravillosos que tienen mucho que ver con la narrativa. Los grandes narradores del siglo XIX están íntimamente ligados a ese prodigio que fueron las grandes ciudades que aparecieron en el siglo XVIII: un Dickens en Londres, un Balzac en París. La ciudad es la mayor creación y el crisol donde se forjan los sueños de la imaginación y de la inteligencia, de la poesía y de la ciencia".
Algunas de las historias de La quimera del norte tuvieron su punto de partida en crónicas gastronómicas o de sucesos. Fihman también las transformó, con el tiempo, en ficción. "Lo que ocurre es que algunas de esas crónicas eran relatos disfrazados de columna gastronómica y, en el caso del reportaje de sucesos, los hechos imitaban la ficción y lo incluí (...). La literatura, aun la más imaginativa, es siempre un plagio de la realidad, que se impone", agregó el fundador de la revista venezolana Exceso.
El ejercicio del periodismo le sirvió al narrador para acercarse aún más a la literatura. Ya se sabe de la estrecha relación que hay entre ambos oficios. "El periodismo es una fuente esencial de la literatura. Muchos novelistas o poetas han sido estimulados por el periodismo. El mismo Edgar Allan Poe escribía reseñas para revistas. El periodismo y la literatura parecen hermanos gemelos. Las páginas de los diarios han sido vehículo hasta del ensayo y la poesía", concluyó Fihman. La quimera del norte rescata varias de esas viejas hojas.
Twitter: @Daniel_Fermin
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