Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP

Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP
Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP del cual fue su Coordinador al inicio. GASTRONOMIA (del griego γαστρονομία)es el estudio de la relación del hombre con su alimentación y su medio ambiente o entorno.Gastrónomo es la persona que se ocupa de esta ciencia. A menudo se piensa erróneamente que el término gastronomía únicamente tiene relación con el arte culinario y la cubertería en torno a una mesa. Sin embargo ésta es una pequeña parte del campo de estudio de dicha disciplina: no siempre se puede afirmar que un cocinero es un gastrónomo. La gastronomía estudia varios componentes culturales tomando como eje central la comida.Para mucha gente, el aprender a cocinar implica no solo encontrar una distracción o un pasatiempo cualquiera; pues cocinar (en un término amplio) es más que solo técnicas y procedimientos... es un arte, que eleva a la persona que lo practica y que lo disfruta. Eso es para mi la cocina, con mis obvias limitaciones para preparar diversos platillos, es una actividad que disfruto en todos sus pasos, desde elegir un vegetal perfecto, pasando por el momento en que especiamos la comida, hasta el momento en que me siento con los que amo a disfrutar del resultado, que no es otro más que ese mismo, disfrutar esta deliciosa actividad o con mis alumnos a transmitirles conocimientos que les permitirán ser ellos creadores de sus propios platos gracias a sus saberes llevados a sabores

lunes, 2 de septiembre de 2013

Siguiendo la línea de la entrada anterior, en nuestra cultura judeo-cristiana, una cena es mucho más que alimentarse, asi lo leímos en el Evangelio de ayer domingo 1 de setiembre, 22 del tiempo ordinario por el que se rige la Iglesia Católica...Uno de los objetivos de cenar es reponer las energía físicas. Sin embargo "cenar juntos" posee una dimensión cultural mucho más amplia, sobre todo tiene implicaciones diferentes que comer solo.. Sentarse a la mesa implica compartir no sólo el plato, sino la vida, los intereses, los compromisos. Se invita a personas especiales...En muchas culturas, los rituales ligados a la comida y la preparación de ésta, son muy variados y bastante rígidos. A esta dimensión cultural más allá del acto meramente físico, se refiere como ya dije el Evangelio de este domingo, y lo presento como demostración del acto trascendente, espiritual, que tiene en su raíz nuestra profesión de "cocineros" y el acto de compartir la mesa...que la comida chatarra y la rapidez con que vivimos, han ido dejando en el olvido con la subsiguiente pérdida de valores esenciales de nuestra cultura y principios fundamentales como comer en familia y con los amigos...Como chefs reflexionemos sobre la trascendencia de nuestra profesión y la capacidad de servir de transmisores de valores culturales desechados, los cuales podemos recuperar con nuestro trabajo si entendemos que a través de él somos cocreadores de la construcción de otro mundo posible.

Esta entrada me vino a la mente pues me parece oportuna ya que el esta semana comienza el “Año Nuevo Judío” y se inicia el año 5774, según el calendario hebreo.

El “Año Nuevo Judío” (Rosh Hashaná) comienza el 4 de Septiembre de 2013 al atardecer, cuando sale la primera estrella. Se celebra los dos primeros días del mes “tishrei”, el 5 y 6 de Septiembre (feriados). 

La celebración comienza al anochecer de la víspera con el sonido del shofar (un cuerno de carnero), llamando a los judíos a la meditación, al autoanálisis y a retomar el camino de justicia. Se festeja en estas fechas por comenzar el mes “tishrei”, cuando Dios creó el mundo. Momento en que fue creado el primer hombre: Adam. También se conoce como el Día del Toque del Shofar y como el Día del Juicio porque, ese día Dios juzga a los hombres, abriendo tres libros: uno, con los malos (quienes quedan inscritos y sellados para la muerte); otro, con los buenos (quienes quedan inscritos y sellados para la vida), y el tercero, para quienes serán juzgados en Yom Kippur.
Rosh Hashaná (Comienzo del Año), junto con Yom Kippur (Día del Perdón), forman en la tradición judía una unidad llamada Yamim Noraim (Días Temibles), por ser el momento en que Dios juzga al mundo y decreta lo que sucederá en el transcurso del nuevo año.
El 1º de tishrei no es sólo el primer día del año, sino también su "Cabeza". Así como la cabeza comanda al resto del cuerpo, del mismo modo en este día se predestinan todos los hechos que ocurrirán durante el año.
CostumbresOrando en la sinagoga, donde se toca el shofár. Comidas festivas con jalá. Suelen ingerirse auspiciosos alimentos como manzanas bañadas en miel, pescado y granadas, así como nuevos frutos en la segunda noche. Abstención de trabajo.

Cocina Judía

La cocina judía se agrupa según los distintos países que los judíos han habitado a lo largo de la historia. Entre estos están los judíos de Europa central y oriental, que vendría a ser la cocina askenazí, los de Medio Oriente, la cocina mizrají y el Mediterráneo, la cocina sefaradí, siempre respetando claro las normativas de kashrut. También para cada festividad tienen comidas típicas...


La mayoría de las religiones tienen sus condicionantes alimenticios, algunos procedentes de sus propios libros sagrados y otros de la interpretación que de los mismos han hecho los estudiosos o expertos dentro de cada creencia. Es posiblemente en la Comunidad Judía donde estas normas culinarias son más estrictas y están más definidas. Independientemente de las ventajas que, en muchos casos, puedan tener a nivel nutricional estas normas, los miembros de la Comunidad que las siguen lo hacen por una cuestión de “santidad”, de acercarse a Dios, por ello además de respetarlas es interesante que las conozcamos, ya que aunque puedan parecer algo enrevesadas son sencillas si conocemos algunos aspectos básicos. Desde el punto de vista puramente gastronómico resultan muy interesantes, ya que se trata de platos muy antiguos, algunos deliciosos, que podemos hacer en casa con facilidad, incluso sin seguir, en el caso de no pertenecer a esta religión.
Comida judía para el Año Nuevo es tradicionalmente llena de simbolismo. Los alimentos dulces se comen, el pan se sumerge en la miel en lugar de sal, un festín con nuevas frutas y algunas personas incluso tienen la cabeza de un cordero en su mesa. Pero ¿cuál es el significado detrás de todos estos alimentos especiales? Y hay más a él que apenas la miel?
El Año Nuevo judío, conocido como Rosh Hashaná (literalmente, la cabeza del año) es un festival de dos días. Es un tiempo para la introspección y oración con la esperanza de que seremos bendecidos con un buen año nuevo dulce. La mayoría de los alimentos tradicionalmente asociados con Rosh Hashaná están conectados de alguna manera con nuestro deseo de un nuevo año dulce. Si bien cada una de las festividades judías tiene sus alimentos tradicionales judías, Rosh Hashaná tiene más que su parte justa. Después de cada comida se come un "yehi ratzón" (Que sea tu voluntad) se reza para pedir un nuevo año dulce. Se espera que el consumo de estos alimentos en Rosh Hashaná marcará la pauta para un nuevo año dulce.
El mejor alimento conocido asociado con Rosh Hashaná es la miel - manzana se sumerge en la miel, y se añade a muchos platos. La razón para el uso de la miel como edulcorante en lugar de azúcar es que la Tierra de Israel es descrito como una tierra que mana leche y miel. Pan tradicional judío conocido como jalá se hornea en un círculo que simboliza el nuevo año y se come con miel. Muchas recetas de utilizar la miel en la masa en lugar de azúcar.
Zanahorias - el hebreo zanahoria es gezer que tiene la misma raíz que "gzar" un decreto - que deseamos tener buena decretos que nos otorga. Las zanahorias también son, naturalmente, muy dulce. Las zanahorias se comen como un plato de acompañamiento ("tzimes") y también se puede disfrutar en pasteles.
Fechas - la fuente bíblica de la miel. Fecha tortas son tradicionales para Rosh Hashaná como son pasteles de fecha. Las fechas se usa en platos de carne para agregar dulzor. Además de las fechas, la miel o Silan fecha se utiliza en muchas recetas de Rosh Hashaná.
Granada - granada en Israel maduran en la época de Rosh Hashaná y se consumen como una fruta nueva, le pedimos que debemos tener buenas obras, tantas como son las semillas de una granada. Semillas de la granada se come cruda, pero también se pueden añadir a las ensaladas para añadir color, sabor y textura. Además, jarabe de granada se utiliza en la cocción de pollo y carne.
Apple - este es tradicionalmente bañadas en miel. Se come al principio de la comida, y le pedimos a ser bendecido con un "año nuevo dulce". Hay muchas recetas para las tortas de manzana, galletas y panecillos y postres que se disfrutan en Rosh Hashaná. Además, la manzana se utiliza en platos de pollo y carne en el Año Nuevo judío.
Puerro, espinacas y calabaza son mencionados en el Talmud, en asociación con Rosh Hashaná. Estos son a menudo preparado como empanadas, o cocinan y se comen como guarnición.
Remolacha - en hebreo se conoce como "Selek", cuya raíz significa eliminar - esperamos que nuestros pecados serán eliminados. Remolacha se suele comer en vinagre como una ensalada, o asado.
Black Eyed Peas - conocido como Rubiya en hebreo, que es similar a "yirbu" o aumento - le pedimos que nuestras buenas obras deberían aumentar.
Cabeza de cordero o pescado (vegetarianos utilizar una cabeza de lechuga) - deberíamos ser como la cabeza y no la cola. Además, los peces simbolizan la fertilidad y se come tradicionalmente en Rosh Hashaná. Judios Ashkenazi tradicionalmente comer pescado relleno en Rosh Hashaná.
Cuando usted está planeando sus comidas de Año Nuevo no se olvide de incluir un montón de alimentos simbólicos, pero trate de no excederse en la miel! Para encontrar más recetas Hashaná Rosh visitar http://www.jewishholidayrecipe.com/Roshhashanahrecipes.html
Como Jesús de Nazareth es de origen judío, su tradición y religión sobre la que se estructura este pasaje
evangélico, es netamente judía, por tanto "la cena del sábado" adquiere un mayor significado, pues es el día de celebración del  Sabat, cuya cena indica la finalización de ese importante día...Es la famosa "cena del sábado"...
Durante este día festivo para la comunidad judía no se puede encender el fuego ni ningún otro aparato eléctrico, sin embargo sí puede hacerse el viernes antes de las doce de la noche y mantener ese fuego con una cazuela y comida desde ese momento hasta terminar el sábado, por eso los únicos alimentos calientes que se pueden tomar son los que se han puesto antes a cocinar, o los que se pongan en un termo que también estan permitidos, quizá por esta razón la comida del sábado por excelencia para los judios, sobre todo en el estrecho de Gibraltar, es la adafina: un tipo de puchero medieval hispano, cuyos ingredientes son garbanzos, patatas, boniatos, carne, huevos, huesos, cebollas y especias variadas. Obviamente es un plato que tiene sus versiones según zonas. Sobre el puchero se colocaba una tapa de masa de harina para que no le entraran impurezas. Otro plato típico en Marruecos en Sabat es la Orisa, un guiso elaborado a base de trigo, judias blancas, carne, huevos duros y especias. En la cena del Sabat el alimento oficial es el pescado: la carpa con salsa de rábano picante y remolacha, un plato que se suele servir frío, también bolas de pescado amasadas con cebolla, perejil, huevos batidos y harina, cocidas con caldo de pescado con zanahorias, cebolla y apio; pescados escabechados, pescado al horno con tomate… También las ensaladas de vegetales: cabeza de apio a la turca (en salsa de limón y azúcar), esparraguito (ensalada de zanahoria y tallos de acelga cocidas y rehogadas con ñora), varios tipos de ensalada de berenjena, hoja de parra rellena de arroz… La halá es el pan típico del Sabat, cuya masa se prepara con harina, agua, huevo, levadura, sal azúcar y aceite; es un pan blanco trenzado con semillas de sésamo o amapola sobre la corteza.


1 Un sábado Jesús fue a comer a la casa de uno de los fariseos más importantes, y ellos lo observaban.
7 Jesús notó que los invitados trataban de ocupar los puestos de honor, por lo que les dio esta lección:
8 «Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, no escojas el mejor lugar. Puede ocurrir que haya sido invitado otro más importante que tú, 9 y el que los invitó a los dos venga y te diga: Deja tu lugar a esta persona. Y con gran vergüenza tendrás que ir a ocupar el último lugar. 10 Al contrario, cuando te inviten, ponte en el último lugar y así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: Amigo, ven más arriba. Esto será un gran honor para ti ante los demás invitados.

 11 Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.»
12 Jesús dijo también al que lo había invitado: «Cuando des un almuerzo o una comida, no invites a tus amigos, hermanos, parientes o vecinos ricos, porque ellos a su vez te invitarán a ti y así quedarás compensado. 13 Cuando des un banquete, invita más bien a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. 

14 ¡Qué suerte para ti si ellos no pueden compensarte! Pues tu recompensa la recibirás en la resurrección de los justos.» Lucas 14, 1-7-14 Biblia de las Americas

En la época de Jesús, el poder político se basaba no en los partidos políticos, sino en las familias extendidas, lideradas por un abuelo. Estas familias o clanes se reunían en las comidas, en lugares asignados; la asignación de asiento, hecha por el abuelo, indicaba el lugar de una persona de importancia en el clan. Los que tenían suerte de sentarse más cercano al líder eran los más importantes. Este acuerdo se mantuvo incluso cuando muchas familias comían juntas.
El poder era ejercido no sólo en la disposición de asientos, sino también por la invitación. Al igual que escaladores sociales de cualquier edad, una invitación para el banquete correcto era un boleto para tomar ventajas. Y, al igual que creadores de  reyes de cualquier edad, el anfitrión que extendía una invitación elegía a sus huéspedes según le dieran su mejor ventaja política.
En este contexto, Jesús ofrece dos enseñanzas sobre la humildad, uno para el huésped y la otra para el anfitrión. Al huésped, Jesús le aconseja discreción en la elección de un asiento, no sea que la persona sufra vergüenza. De hecho, cuanto más bajo sea el asiento, mejor, a fin de ganar aceptación y honor entre sus compañeros. [14: 7 - 10] Jesús utiliza este enfoque de sentido común para resaltar la enseñanza de la humildad. [14: 11] Lucas podía haber usado este pasaje para enfatizar el adecuado decoro de los laicos en la eucaristía dominical de su comunidad.
Las enseñanzas de Jesús sobre la humildad fueron un desafío a la convención social de la comida. La humildad, especialmente ejercida por el liderazgo, le dio a los más bajos de la comunidad los asientos de honor; hizo del servicio a los pobres una prioridad de servicio. El liderazgo ejercido con humildad no conquista el poder, pero los faculta.
El asesoramiento de Jesús al anfitrión es mucho más radical que el que ofrece a los invitados. En vez de dar un banquete donde la invitación y la ubicación de los asiento se basa en el poder social y lo que se espera a cambio, es mejor dar un banquete para el Reino de Dios. Invitar a aquellos que no tienen poder y quiénes no pueden reembolsar nada: los marginados y los enfermos. Luego, cuando el anfitrión sea invitado en el banquete del Reino, tendrá un lugar; el anfitrión será retribuido en la resurrección final. [14: 12 - 14] Una vez más, Lucas quizás utilizado estos pasajes como una crítica del liderazgo en su comunidad; el liderazgo, incluso, debe ejercerse con humildad.
Enseñanza sobre la humildad de Jesús fue un desafío a la Convención social de la comida. Humildad, especialmente ejercida por el liderazgo, le dio la más baja de los asientos de la comunidad de honor; de hecho una prioridad de servicio a la humilde. Liderazgo ejercido con humildad no reunir el poder, pero facultada.
 

“La cocina es un acto de amor al prójimo” El cocinero Ángel León, con una estrella Michelín, apuesta por la investigación en la cocina

“La cocina es un acto de amor al prójimo”

El cocinero Ángel León, con una estrella Michelín, apuesta por la investigación en la cocina

 Cádiz 17 AGO 2013 - Diario El Pais
  • El cocinero gaditano Ángel León.

    Ángel León (Jerez, 1978) heredó de su padre, hematólogo, el gusto por la sangre. Pero derivó esa curiosidad hacia la cocina. Fue su padre el que le enseñó a pescar. Entre los fogones se ha especializado en los tesoros acuáticos, por eso le llaman el chef del mar. Y se ha destacado por investigar e innovar. Es el dueño de Aponiente, con una estrella Michelín, referente culinario de El Puerto de Santa María (Cádiz), aunque su sueño es trasladarse a un estero abandonado, recuperarlo y convertirlo en un símbolo del aprovechamiento al máximo de la naturaleza en Andalucía. Es popular entre sus compañeros, que le otorgaron el Premio Nacional de Gastronomía. Y está a punto de hacerse famoso gracias a la televisión. Será, junto con Chicote y Susi Díaz, jurado en Top Chef, el concurso gastronómico en el que competirán cocineros profesionales. Ya está grabando los primeros programas, que emitirá en la próxima temporada Antena 3.
    Pregunta. ¿Tiene miedo a la fama?
    Respuesta. No te voy a engañar, he de reconocer que tengo miedo. Es algo que he hecho porque era un seguidor del formato americano y me gustaba mucho. Siempre me gustó que al jurado se le trataba con mucho respeto. Era gente muy respetada en el país. De ahí, viene mi reflexión y mi aceptación. Tengo los pies en la tierra. No te miento si te digo que tengo miedo, pero estoy contento. También estoy tranquilo porque no tengo guion sino que soy yo el que habla, el que se expresa, con mi forma de ser.
    P. Usted es de la provincia de Cádiz. Siempre dice que se mueve entre los dos vientos, el levante y el poniente. En la tele, ¿le vamos a ver su punto más fresco del poniente o su punto más loco del levante?
    R. Gracias a Dios esto es como la vida misma. No siempre hay el mismo viento. Unas veces hay poniente y otras veces hay levante. Algunas, incluso, está en calma. De eso se trata en el programa. No todos los momentos van a ser iguales. Algunas veces estaré más serio, otras los serios serán mis compañeros y yo trataré de salirme de tanta seriedad. Me gusta tomarme la vida con arte, sino es imposible de llevar.

    El ‘bareto’ soñado

    Hace unos días, EL PAÍS contaba la historia de varios chefs estelares que habían adaptado sus menús de lujo a la situación económica. Joan Roca, Fermí Puig o Fina Puigdevall han apostado por abrir bares con precios más asequibles. “A mí me parece de arte”, comenta Ángel León. “No todos tenemos la suerte de poder hacer inversiones para crecer en esa línea”. El cocinero gaditano lo tiene claro. “La situación económica me lleva a centrarme en mi proyecto de investigación”, añade, pero reconoce que lo ha pensado. “Darle de comer a la gente en un bareto es mi sueño”. De momento, el actual menú degustación de Aponiente, Antojos de un marinero en tierra, sale a 115 euros el comensal, sin contar el maridaje de vinos.
    P. ¿Y no teme acabar como Lucía Extebarría, que ha salido trasquiladade su aventura televisiva?
    R. Ofú. Madre mía, ni muchísimo menos. Si de hecho hago esto es para que se conozca nuestra profesión. Para poder seguir reivindicando proyectos de investigación que nos quedan por hacer.
    P. No solo en la televisión, sino también fuera de ella, se habrá encontrando con cocineros jóvenes, con aprendices de la profesión, que les gustaría triunfar como usted. ¿Les da consejos? ¿Qué les dice?
    R. Suelo decirles la verdad. Primero que salir en televisión, radio o prensa está muy bien. Pero que la vida de un cocinero es otra. Te tienes que sentir feliz trabajando y dándole de comer a los demás. La cocina es un acto de amor al prójimo. Si no estás dispuesto a hacerlo, mejor dedícate a otra cosa. Hay gente que siempre valora tu trabajo. La gratitud de los clientes es la máxima recompensa que tengo en mi vida.
    P. Y ahora que todo es tan complicado, ¿cómo vive las dificultades que están atravesando algunas reconocidas escuelas de hostelería de Andalucía?
    R. Me preocupa, porque la educación es un pilar fundamental. En España hay mucho que aprender. No hace falta irse de España para ser un gran cocinero respetado en todo el mundo. La cocina es la mejor escuela que hay, donde se forja el cocinero. Cerrar escuelas de hostelería sería una gran pérdida para todos.
    P. Para sus innovaciones gastronómicas, usted ha necesitado de una estrecha colaboración con Universidades de Andalucía. ¿Cómo analiza el estado en el que queda la Universidad tras la última reforma educativa? ¿Le afectan los recortes en investigación?
    R. Todo lo que sea recortar es frenar el desarrollo. Aquí falta mucha investigación. Es necesaria. Me siento afortunado porque, hasta el día de hoy, los proyectos en los que hemos venido trabajando no se han recortado. Hay que tocar madera. Y no es fácil. Muchas veces tienes que nadar contra corriente. Yo llevo haciéndolo siete años. Siempre he pensado que mi forma de entender la cocina y el mar es como un revulsivo. Desde la investigación se pueden conseguir muchos cambios en la sociedad.
    P. Uno de sus proyectos es la investigación en torno a la luz de determinados productos y los mecanismos para llevarlos a la cocina. ¿Cómo avanza esa innovación?
    Todo lo que sea recortar es frenar el desarrollo. Aquí falta mucha investigación
    R. Es un proyecto que llevo junto a las Universidades de Córdoba y Cádiz, se trata de ahondar en la bioluminiscencia. Obtenemos bacterias luminiscentes y las aplicamos a la gastronomía. Si Dios quiere, estará listo el año que viene para sacar la primera producción. Hemos estado año y medio liados. Pero las Administraciones y la Universidad se han volcado.
    P. También está detrás de un proyecto para dar uso a un estero abandonado en la bahía de Cádiz. ¿Cómo avanza este plan?
    R. Estamos en el proceso de hacer peticiones a todas las autoridades competentes. Entraremos en un concurso donde habrá más postores. Mi sueño es llevar Aponiente a un estero abandonado, reivindicar la sal, el estero, el medio marino, aprovechar la naturaleza de Andalucía con un toque de innovación.
    P. ¿Eso supondrá el cierre del actual local?
    R. Claro. Sería trasladarse allí.
    P. ¿Y cómo ve la nueva ley de Costas? ¿Le beneficia al promover actividad en una industria salinera?
    R. Ni fu ni fa. Ahora mismo el proyecto depende de otras Administraciones.
    P. Usted se ha mostrado muy comprometido con una campaña a favor del uso de pescado de descarte, ese que nadie quiere. ¿Malgastamos la comida?
    R. Sí, por supuesto. En pro del glamour, del nombre de algunos pescados, el ser humano tiende a reconocer solo algunos productos, a llevarlos a los altares. Pero es necesario consumir otros pescados menos valorados. Hay que saber aprovechar lo que nos da el mar.

    José Antonio Navarrete es una enciclopedia andante en lo que se refiere al vino y sus regiones de los viñedos que en el mundo existen

    La fruta más sabrosa

    José Antonio Navarrete es una enciclopedia andante en lo que se refiere al vino y sus regiones de los viñedos que en el mundo existen

     Valencia 18 AGO 2013 - Diario El País
  • El especialista José Antonio Navarrete. / ALFREDO ARGILÉS

    Nacido en Moratalla (Murcia), José Antonio jamás pensó que su nariz fuese la parte más importante de su cuerpo, más bien le preocupaban los ojos –los ajenos- por lo que decidió que quería ser especialista en óptica y optometría, nada menos.
    Pero las cosas suceden porque el azar así lo designa o porque alguna oculta predisposición de nuestra mente nos impele hacia extraños caminos. Por una u otra razón, o bien porque su trabajo ocasional para ayudarse en la azarosa vida estudiantil en el afamado restaurante El Rincón de Pepe hacia allí lo dirigiese, sus intereses se fueron acercando a los aromas y olvidándose de las dioptrías, y merced al ánimo que le insuflaron sus tutores Raimundo Fernández y José Picón, se matriculó en el Instituto de la Fruta para instruirse en la que más le interesaba, que no era otra que la uva.
    Pinot noir, pinot meunier, chardonay, bobal, tempranillo…., cientos de variedades de uvas, con sus especiales cualidades de sabor y olor, de acidez y de dulzura, con su gusto y su post gusto, y hasta con su retrogusto, que en esa viña del Señor todos estos y más matices se evalúan con veneración. Hay que conocerlas para amarlas o vituperarlas, para recomendarlas en una singular cata o para hacerlas partícipes de uno de esos matrimonios de conveniencia en los que se juran amor eterno el vino y la comida que le ha sido designada como pareja.
    Para conocerlas, viajar. Ver sus orígenes y desarrollo, el territorio y su composición, la climatología que las hace crecer y el cuidado específico de cada variedad en el campo y en la bodega donde se producirá el milagro de los ensamblajes y las maceraciones, de las crianzas y los añejamientos.
    Un nuevo compañero a quien admirar, Blas Cerón, lo llevó a los grandeschâteaux franceses y a las memorables bodegas españolas, desde las olvidadas regiones hasta las nuevas denominaciones, hasta asumir que el mejor vino español podría llegar a ser un casi siempre menospreciado monastrell, hasta venerar lugares tan olvidados en su grandeza como Jerez y sus vinos finos, y el complejo arte que se destila para sus singulares productos.
    En estos viajes estamos, en estas idas y venidas, y a la vez en la cumbre profesional: sommelier en el Restaurante Quique Dacosta, Premio Nacional como mejor profesional en el año 2012. José Antonio es una enciclopedia andante en lo que se refiere al vino y sus regiones, a los campos y las heredades, a las inclinaciones de las parcelas y la composición caliza de los pagos, a los orígenes y los destinos de los viñedos que en el mundo existen. Pero sobre todo es un animal gastronómico, capaz de entender un menú largo y profundo, y adecuarlo a las posibilidades de su bodega y al bolsillo del comensal. Ahí es nada.


    En su cuarto viaje a América en 1502, Cristóbal Colón desembarcó en la costa de Honduras, donde los indígenas mayas le dieron a probar un brebaje fermentado conocido con el nombre de chocolha. Quizás fue el primer europeo en probar el producto de cacao. “Aunque en aquel entonces era más parecido a la cerveza que al actual chocolate”, explicael maestro pastelero Juan Pablo Cortés (México DF, 1977)

    Solo de chocolate vive el hombre

    Juan Pablo Cortés es uno de los maestros pasteleros más prestigiosos de México. Desde su pastelería Xcanda funde la tradición con la innovación

     México DF 17 AGO 2013 -Diario El País
    El maestro chocolatero Juan Pablo Cortés.
    En su cuarto viaje a América en 1502, Cristóbal Colón desembarcó en la costa de Honduras, donde los indígenas mayas le dieron a probar un brebaje fermentado conocido con el nombre de chocolha. Quizás fue el primer europeo en probar el producto de cacao. “Aunque en aquel entonces era más parecido a la cerveza que al actual chocolate”, explicael maestro pastelero Juan Pablo Cortés (México DF, 1977). A su vuelta a España el navegante llevó muestras de la planta a la corte de los Reyes Católicos, pero nadie se mostró demasiado interesado en ese alimento de aspecto sucio y sabor amargo y picante. Más de 20 años después, consciente del inmenso valor del cacao en la cultura azteca, el conquistador Hernán Cortés lo popularizó a ambos lados del charco. “Cuando uno lo bebe, puede viajar toda una jornada sin cansarse y sin tener necesidad de alimentarse”, contó en sus crónicas. Gracias a sus dotes propagandísticas el chocolate estaría destinado a convertirse en el dulce más famoso del mundo.
    Proveniente de una familia chocolatera, el maestro gastrónomo Juan Pablo Cortés dirige la pastelería Xcanda, una de las más prestigiosas de México, desde la que se dedica a fundir tradición y vanguardia creando dulces de figuras geométricas. Sus abuelos fundaron una fábrica de bombones y pasteles de cacao: “Nací y crecí inmerso en un mundo en el que degustar este bien era una cuestión cotidiana”. En 2005 viajó a España, donde aprendió de grandes maestros gastrónomos como Joaquim Capdevila y Ramón Morató, profesor en la escuela Chocolate Academy. “Ese año decidí que centraría mi vida en el mundo de ese dulce marrón. Todo se lo debo a mis maestros y referentes… y por supuesto, a mi abuela Consuelo”.

    Una vida chocolatera

    Con solo 35 años Juan Pablo Cortés es uno de los mayores maestros chocolateros de México. Fundador y copropietario de Xcanda Chocolates, taller dedicado a la elaboración de chocolaterÍa y pastelería fina artesanal, ha experimentado con distintas formas geométricas y arquitectónicas basadas en el espacio y la luz.
    En España cursó en las escuelas gastronómicas más prestigiosas a las órdenes de maestros de la talla de Ferrán Adrià, Josep María Ribé, Joaquim Capdevila y Ramón Morató.
    El cacao está presente en la cultura mexicana "desde el principio de los tiempos", asegura Cortés, tocayo de apellido del famoso conquistador. Según los mayas fue el dios Kukulkán quien se lo entregó al hombre. Los aztecas también lo atribuyen a su deidad, la serpiente emplumada o Quetzalcóatl. Mayas o aztecas, Kukulcán o Quetzalcóatl, Colón o Cortés… nadie sabe a ciencia cierta quien fue el pionero. Lo que el pastelero tiene claro es que México es la cuna mundial del cacao y que no es hasta la llegada de los españoles cuando este producto se mezcla con leche y azúcar y adquiere la consistencia y el sabor que lo popularizó en el mundo entero: “Lo que busco en este certamen de Talentos es transmitir la idea de que el mundo del chocolate es ilimitado”.
    Aunque su receta sigue la tradición gastronómica de su familia, Cortés se inspira en ámbitos como la política, la música, la arquitectura y el amor para modelar figuras, tartas, bombones y pasteles de aspecto vanguardista: “Hice una pieza en la que represento el estado según Thomas Hobbes, otra inspirada en la música del compositor ruso Rajmáninov y muchas otras en las que plasmo mis pasiones culturales”. Pero, más allá de la historia, de la geometría y de la belleza de las formas, el secreto de su arte está en el sabor y la textura de sus creaciones, que el maestro inventa sin pausa e invita a degustar: “He preparado algo nuevo que debes probar. Y no te va a dejar indiferente”.

    La cocinera brasileña Helena Rizzo, responsable junto a su marido, Daniel Redondo, del restaurante Maní, en São Paulo, ha obtenido el Premio Veuve Cliquot a la mejor chef de América Latina, extensión regional de los premios mundiales 50 Best

    Helena Rizzo, mejor cocinera de Latinoamérica

    La cocinera brasileña lidera con su marido Dani Redondo el restaurante Maní de São Paulo. Ambos trabajaron en El Celler de Can Roca

     Madrid 20 AGO 2013 -  Diario El País
    Helena Rizzo y Daniel Redondo, jefes de cocina del restaurante brasileño Maní.

    La cocinera brasileña Helena Rizzo, responsable junto a su marido, Daniel Redondo, del restaurante Maní, en São Paulo, ha obtenido el Premio Veuve Cliquot a la mejor chef de América Latina, extensión regional de los premios mundiales 50 Best. Esta lista americana se dará a conocer el próximo 4 de septiembre en Lima. Allí se entregarán también los galardones ya acordados, como en el caso de Rizzo, y en el del embajador de la cocina peruana en el mundo, Gastón Acurio, que recibirá el Premio Diners Club por el conjunto de su obra.
    Helena Rizzo (Porto Alegre, 1978), dejó a un lado una juvenil y exitosa carrera como modelo, así como los estudios de arquitectura, para volcarse de lleno en su pasión culinaria. Tras entrenarse en cocinas brasileñas e italianas, desembarcó en Girona, en El Celler de Can Roca(actual mejor restaurante del mundo). Joan Roca puso en manos de Helena por un tiempo la cocina de su aventura barcelonesa Moo (en el hotel Omm), pero tras pasar tres años en España Rizzo volvió a Brasil para emprender un proyecto propio con Daniel Redondo, a quien conoció entre los fogones de El Celler. “Me ‘robaron’ al jefe de cocina”, bromeaba Joan Roca. Redondo y Rizzo abrieron en 2006 el restaurante Maní, donde los ingredientes brasileños y las técnicas de la cocina de vanguardia española se armonizan en platos seductores en estética y sabor. Maní ocupa el número 46 en la lista de los 100 mejores del mundo, donde la cocina brasileña, liderada por Álex Atala (D.O.M.), ha escalado puestos de forma significativa en los últimos años.
    Ñoquis de mandioquiña, del restaurante Maní.
    La organización de los Premios 50 Best América Latina destaca de Rizzo “su habilidad para conciliar con facilidad el respeto por la tradición con las técnicas contemporáneas”, así como “su talento innato” y su experiencia profesional, ya de 20 años de trayectoria. “Helena Rizzo establece el ejemplo a seguir gracias a su determinación de abrir nuevos horizontes para la cocina brasileña – así como la latinoamericana –manteniéndose fiel al material básico”, se resalta en la nota oficial del premio, otorgado por un jurado de 250 expertos gastronómicos.
    Dicen que la cocina no tiene sexo, que los platos hablan por sí mismos, pero estos premios Veuve Cliquot que concede The World’s 50 Best -los galardones que cada año otorga la revista Restaurant a los mejores chefs y a las tendencias contemporáneas de la cocina mundial- , han nacido para dar visibilidad al trabajo de las mujeres en gastronomía. El premio está inspirado en Madame Cliquot, una vehemente francesa que hace 200 años, marcó la pauta a seguir por las mujeres en el mundo de los negocios y que hoy da nombre a un prestigioso champán. Además del galardón culinario, Veuve Cliquot reconoce la trayectoria profesional de mujeres relevantes en distintos campos.
    La francesa Anne-Sophie Pic, la española Elena Arzak y la italiana Nadia Santini han sido las galardonadas como las mejores chefs en la edición internacional, cuyos premios se otorgan en Londres. Y como el mundo es amplio y cada región tiene su personalidad marcada, los premios ya tienen su edición en Asia, donde se alzó con el galardón la tailandesaDuongporn ‘Bo’ Songvisava, y ahora se abre la edición de América Latina, territorio de revoluciones culinarias como la mexicana, la peruana o la brasileña.

    Su filosofía enraizada en la naturaleza del producto local y en la sabrosura que brindan las estaciones es la imagen de marca. Lo nutritivo, lo saludable y lo que despierta sensaciones se encierra en el mundo vegetal y estos cocineros lo destapan como quien abre una cacerola llena de poción mágica.

    Con la verdura por delante

    Fernando del Cerro y Rodrigo de la Calle, dos de los chefs más vanguardistas, reinventan en sus platos el universo verde que ofrece la huerta de Aranjuez, toda una potencia gastronómica

    Ambos mostrarán sus últimas creaciones en Madrid Fusión.

     Madrid 19 ENE 2012 - Diario El Pais 
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  • Madrid Fusión
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  • AUTORES: BEATRIZ BORGES / CARLOS ROSILLO / ROSA RIVAS

    Jardines, piedras históricas… y la huerta. Las fresas, los espárragos y todo un mundo vegetal son los pilares orgánicos que sustentan la Aranjuez monumental. Y con las inmensas posibilidades de las hortalizas han labrado su identidad gastronómica dos cocineros de la tierra, Fernando del Cerro y Rodrigo de la Calle. Ecochefs, gastrobotánicos... Su filosofía enraizada en la naturaleza del producto local y en la sabrosura que brindan las estaciones es la imagen de marca. Lo nutritivo, lo saludable y lo que despierta sensaciones se encierra en el mundo vegetal y estos cocineros lo destapan como quien abre una cacerola llena de poción mágica.
    En el centro histórico del municipio ribereño, y en la misma acera, Casa José y Rodrigo de la Calle son las paradas obligadas de una calle gastronómica que, además, cuenta con un renovado mercado de abastos en el que los puestos ya ponen los tenderos orgullosos cartelitos indicando a los compradores que tienen las joyas culinarias nacidas en Aranjuez.
    El Chef Rodrigo de la Calle. / CRISTÓBAL MANUEL
    Fernando y Rodrigo lucen en sus restaurantes una estrella Michelin cada uno. “Casa familiar de larga trayectoria y línea clásica. Sugerente cocina tradicional actualizada, trabajando mucho con las verduras y hortalizas de la zona”, está escrito de Casa José en la guía roja. Pero lo que quizá no saben los inspectores y los comensales extranjeros es que el padre de Fernando (cocinero) y Armando del Cerro (sumiller) hizo famosa la tortilla de patatas que se sirve en la barra del primer piso.
    “¡Aquí hay talento tras los fogones!”, dice la guía de Rodrigo de la Calle, donde las ostras son vegetales pero saben a mar y las verduras de Aranjuez componen un colorista mosaico, y el steak tartar es vegetal.
    Los restaurantes de los superchefs de Aranjuez también lucen soles de la guía española Repsol. Y hacen brillar la región. Dicen que a solo media hora de Madrid (48 kilómetros) está la mejor huerta de Europa. “Aranjuez, potencia gastronómica”, pronosticaba este periódico en 2009. Ahora, la cocina ya es “superpotencia” y han tirado del motor huertano y hostelero: más producción, más calidad en los restaurantes, más apuesta por los ingredientes locales. “Somos el referente de la cocina vegetal en Madrid”, afirman estos voluntariosos chefs, “todo esto es iniciativa propia, ayudas oficiales cero”, dicen. Y esa inspiración creativa con impactantes resultados la celebran y corroboran los expertos. Del Cerro y De la Calle forman parte del plantel de figuras que estrenarán creaciones la semana próxima en el congreso internacional Madrid Fusión. “Nabos al pilpil de aceite de aguacate y tirabeques con óleum de crustáceos” son apuestas de Fernando del Cerro. Unas pastillitas naranjas (como si concentraran el alma de un carabinero) en forma de porciones de mantequilla, mezcladas con almendras picadas, por ejemplo, sirven para saltear cualquier verdura en la sartén en vez del tradicional rehogado.
    El cocinero Fernando del Cerro, de Casa José. / CARLOS ROSILLO
    Rodrigo de la Calle mostrará en el escenario (donde hace pocos años le proclamaron cocinero revelación) sus postres creados con verduras. Una idea que brotó precisamente del icono vegetal de Aranjuez, el espárrago, y fue uno verde (los blancos son los pericos). De la huerta de Plácido arrancaron la pasada primavera unos ejemplares que, sorprendentemente, “no eran amargos, sino dulces”, recuerda Rodrigo, que montó con esa rareza su plato espárragos con alioli. Había que comerlos con los dedos, mojando en una salsa amarilla, mousse de chocolate blanco con azafrán. Tras la corta experiencia primaveral, De la Calle prolongó el dulzor preservando al vacío con almíbar boniatos, patatas, zanahorias, remolachas, pimiento rojo, ruibarbo... Así cambió la cocina salada a la dulce.
    Si Farinelli viviera hoy decoraría con platos de Fernando y Rodrigo las fiestas cortesanas del Real Sitio de Aranjuez.
    Las 2.000 hectáreas de la gran huerta de esta localidad, declarada por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad, se alimenta de un suelo fértil entre dos ríos, el Jarama y el Tajo. El trazado de las tierras de labranza lleva siglos así. Fue bien y ejemplarmente diseñado, con espacios agrícolas y paseos arbolados. Lo iniciado por Gaspar Vega hacia 1550 lo completó en tiempos de Felipe II Juan Bautista de Toledo, discípulo de Juan de Herrera. Los cultivos, que van tapizando el paisaje con distintas formas y colores según cambian las estaciones.
    La fertilidad de la vega de Aranjuez es glocal. En su terreno brota lo local y lo global. Un ejemplo son las experimentaciones con productos foráneos (presentes en la aproximación exótica de la cocina occidental) que están dando fruto en el huerto privado que le han cedido a Fernando del Cerro. Allí maduran tomates locales, fresas, espárragos, acelgas, coles, lechugas... y ve crecer sanas y de rotundo tamaño especies asiáticas como el daikon o nabo japonés. Con rábanos de Aranjuez, Del Cerro elabora kimchi blanco (fermentación con agua y sal) que le ha enseñado su colega el coreano-belga Sang Hong Degeimbre… “Nuestra intención es que el comensal descubra los colores, olores y sabores de Aranjuez sobre los platos”, proclama Del Cerro. Para impregnar a los clientes de confianza en el kilómetro 0, les llevan a la huerta a que recojan lo que luego se comerán.
    Mosaico de verduras de Rodrigo de la Calle. / JAVIER PEÑAS
    Las crucíferas se crían de maravilla en Aranjuez, pero el repollo, la lombarda, la coliflor o las coles de Bruselas “no están de moda”, se lamenta Rodrigo de la Calle. Ahora lo que la gente pide es el brécol, por su fama de superalimento, con propiedades saludables, anticancerígenas, etcétera. Así que los agricultores se lanzan a lo que pide el mercado. “He visto apenadísimo cómo los tractores arrasaban con un campo de coles”, cuenta el cocinero. Al igual que Fernando del Cerro, reivindica estas verduras humildes con el uso continuo en sus menús. Además, rompen mitos como el de que son indigestas. Precisamente en crudo y con un golpe de fuego es como mejor demuestran sus cualidades de sabor y textura.
    “Las coles nunca se han cocinado bien”, opina Rodrigo, que divide su corazón entre la huerta de sus orígenes familiares y el mediterráneo huerto de Elche. Es un paraíso de dátiles y cítricos, base de las creaciones de Rodrigo de la Calle con su cómplice del mundo verde, el biólogo Santiago Orts (premio Nacional de Gastronomía por su innovación). Juntos hacen lo que definen como gastrobotánica: “Investigación de especies del reino vegetal y estudio de sus componentes (raíces, tallos, hojas, flores, frutos, semillas) para su uso en cocina”.
    Plato de Fernando del Cerro (Casa José). / CARLOS ROSILLO
    Rodrigo de la Calle, con abundante actividad en las redes sociales, lanza todas las semanas en Twitter unas microrrecetas con —no podía ser menos— protagonismo de verduras, brotes y frutas. En el menú de Casa José están impresos los nombres de los proveedores de los productos. En la carta de Rodrigo constan los ingredientes y la fecha de creación del plato. “Ferran nos enseñó a datar todo lo que hacemos. Luego vemos fuera como novedad copias de lo que se hace en España”, comenta irónico Rodrigo.
    Los huertanos, dicen los cocineros, han ganado en confianza y expectativas, a la vez que en variedad de cultivos. Aunque se muestran cautelosos a la hora de aventurarse con material. Las partidas para Mercamadrid y grandes superficies ganan el juego, pero hay agricultores que siguen apostando por lo ecológico y lo artesano. Si en 2009 se abría paso El Jaramillo, ahora Víctor Sánchez es de los nuevos en liza. Forma parte de la cooperativa Aranjuez Natural. “Cada vez viene más gente de Madrid a comprar directamente aquí, ya exige calidad y busca lo auténtico y el producto de temporada. No vendemos tornillos, todo en serie. Nosotros recuperamos lo autóctono, aunque la forma no sea bonita, pero que lo que comas sea rico”, dice transitando en un mar de acelgas y perejil.
    Botellas de vino de El Regajal. / CARLOS ROSILLO
    Hoy ya se huele GastroAranjuez. Desde que EL PAÍS Madrid exploró en 2009 la entonces emergente gastronomía del municipio sureño, las cosas han cambiado. Salvando el escollo de que a nivel oficial falta empuje y promoción (todos los implicados se quejan), hay ahora una onda de orgullo culinario ribereño. Casa Pablo, Almíbar, El Apio, El Castillo, Caren... Los restaurantes se aplican para conquistar turismo no solo en lo estético, sino en el contenido de las propuestas.
    También salen al escaparate los vinos de Aranjuez. Y aquí vuela alto El Regajal. Su etiqueta, una mancha de vino en forma de mariposa, simboliza la singularidad del terreno de las bodegas, un paraje admirado por los entomólogos.
    Ya se ven letreros de gastrobar (lugar de tapas de calidad y asequibles) y en mostradores y vitrinas se exponen las delicias cultivadas en el agradecido terruño del municipio.