Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP

Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP
Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP del cual fue su Coordinador al inicio. GASTRONOMIA (del griego γαστρονομία)es el estudio de la relación del hombre con su alimentación y su medio ambiente o entorno.Gastrónomo es la persona que se ocupa de esta ciencia. A menudo se piensa erróneamente que el término gastronomía únicamente tiene relación con el arte culinario y la cubertería en torno a una mesa. Sin embargo ésta es una pequeña parte del campo de estudio de dicha disciplina: no siempre se puede afirmar que un cocinero es un gastrónomo. La gastronomía estudia varios componentes culturales tomando como eje central la comida.Para mucha gente, el aprender a cocinar implica no solo encontrar una distracción o un pasatiempo cualquiera; pues cocinar (en un término amplio) es más que solo técnicas y procedimientos... es un arte, que eleva a la persona que lo practica y que lo disfruta. Eso es para mi la cocina, con mis obvias limitaciones para preparar diversos platillos, es una actividad que disfruto en todos sus pasos, desde elegir un vegetal perfecto, pasando por el momento en que especiamos la comida, hasta el momento en que me siento con los que amo a disfrutar del resultado, que no es otro más que ese mismo, disfrutar esta deliciosa actividad o con mis alumnos a transmitirles conocimientos que les permitirán ser ellos creadores de sus propios platos gracias a sus saberes llevados a sabores

lunes, 2 de septiembre de 2013

Comer es, para Sekiguchi -escritora y traductora apasionada por la cocina que dirige en París talleres literarios y culinarios-, una reafirmación de la cultura personal, una maleta llena de experiencias del país propio y de los viajes vitales. “Nuestro cuerpo es frágil; los alimentos también lo son", dice. "Nos comunicamos con ellos a través de los cinco sentidos, los asimilamos en nuestro cuerpo, pero guardamos las huellas de esos seres delicados en forma de sensaciones, de colores y de luz, de texturas, de un contacto en el paladar, en la garganta. Hay tantas cosas que podemos reactualizar en nuestra vida como queramos, tantas como vivamos”.

La astringencia y la comida fantasma

Ryoko Sekiguchi traza en 'El secreto de la cocina japonesa' un viaje por la cultura gastronómica nipona con el kaki como símbolo

 Madrid 20 MAY 2013 - Diario El País1

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Kakis puestos a secar en una casa de Kanazawa (Japón). / ROSA RIVAS

El secreto de la cocina japonesa. Lo astringente y la comida fantasma es un libro pequeño en páginas pero grande en contenido. Entre los voluminosos libros gastronómicos de cocina de autor, de referencia del trabajo de un chef, o los asequibles (en tamaño) y variados libros de recetas, hay publicaciones que enfocan lo gastronómico desde el hecho cultural, que transitan por caminos filosóficos, antropológicos, sociológicos o históricos. Las colecciones de la editorial Trea van por esa línea y a su bagaje de gastrocultura se suma esta obra de Ryoko Sekiguchi (Tokio, 1970), traducida por Pablo García Guerrero.
El título puede sugerir que nos encontramos ante un libro más de cocina nipona, con mucho sushi de por medio, o que es una rareza de elucubraciones sobre manjares exóticos. Pues no. Ilustra sobre comida y sobre costumbres. Para los japonesistas será una delicia más, para los curiosos, un modo de introducirse en un mundo cuya profundidad atrapa.
Astringencia, una percepción del sabor no tan usada como los habituales conceptos de salado, dulce, picante o amargo, es algo que en la cultura japonesa tiene un valor importante. En japonés, como explica la autora del libro, shibui, la palabra astringencia significa elegancia, distinción, una persona reservada. El shibugonomi es una manera de vestir, de decorar la casa, de comportarse. Discreta y atractiva a la vez. Shibumi, el sabor astringente, significa también “atmósfera distinguida”, aplicable al arte, la literatura o todo lo relacionado con la estética en la vida cotidiana. El gusto alimenticio se convierte en un gusto personal y social.
Platos de la refinada cocina 'kaiseki' en Kioto. / R. R.
El kaki es el símbolo de la astringencia . Una fruta polivalente a la que se le puede controlar el dulzor y la aspereza. Sus árboles llenan jardines, parques, huertas… Es habitual ver en las zonas rurales –como recuerda Sekiguchi- los kakis “secándose en los tejados, como se hace con el ajo o el pimiento en el Mediterráneo”. Vale para tintes, para desinfección, para elaborar papel y, por supuesto, para comerla, como fruta o como zumo, mermelada o envoltorio (sus hojas) de pescado. El cultivo del kaki se remonta al siglo VIII en China y Japón y llegó en el siglo XIX a España, donde se le llama caqui. Actualmente los principales productores mundiales son Japón, China, Estados Unidos, Brasil, India e Israel y los mayores productores europeos son Italia y España.
Volviendo a la órbita japonesa, Ryoko Sekiguchi cuenta curiosidades, como las propiedades del tanino, un producto cuasi mágico de las uvas, que es asociado invariablemente al kaki en la cultura alimenticia nipona. También habla de conceptos etéreos, inapreciables para sensibilidades de pensamiento rápido. Si “comer humo” es tangible para quienes degustan productos ahumados o “comer vapor” es reconocible para quienes gustan de alimentos hervidos, “comer bruma” o “comer transparencia” ya son términos para iniciados en la delicadeza asiática. Comer bruma puede significar la vida de los que no tienen recursos o alimentos evocadores de sensaciones celestiales. Comer transparencia es más terreno: agar-agar, aloe vera o lo que contenga fécula (patata, tapioca, arroz, maíz…).
Luego hay otro concepto, el fantasma. Para Sekiguchi, es el desconocimiento de los alimentos que ingerimos –“lo que es innombrable es incomible”-, la generalización de los productos genéticamente manipulados o, como en el caso de Japón, el temor a la radiación generada tras el desastre de Fukushima. La desconfianza ante lo nocivo invisible, el mal acechante que no se toca ni se huele pero que se traga y se apropia de nuestro cuerpo, es ese fantasma con el que inevitablemente toca convivir. Pero la autora no utiliza argumentos apocalípticos, simplemente dice lo que siente, lo que está ahí, aunque no se vea se sabe que existe, pero el miedo nunca puede frenar el disfrute. La naturaleza se alía con los individuos que saben extraer lo nutritivo para cuerpo y alma, que incluso se puede cultivar en el jardín de casa, como el omnipresente (en Japón) y significativo kaki: “El acto de comer, por naturaleza efímero e intenso, único en cada instante, juega un papel esencial en ese movimiento complejo de nuestra vida. El gusto y el olfato te devuelven al pasado, y de nuevo al presente, la memoria reavivada, todo al calor de ese momento hecho presente por un instante”.
Reproducción de 'Tempura', obra de Tsukioka Yoshitoshi, en la portada del libro 'El secreto de la cocina japonesa'. /TREA
Comer es, para Sekiguchi -escritora y traductora apasionada por la cocina que dirige en París talleres literarios y culinarios-, una reafirmación de la cultura personal, una maleta llena de experiencias del país propio y de los viajes vitales. “Nuestro cuerpo es frágil; los alimentos también lo son", dice. "Nos comunicamos con ellos a través de los cinco sentidos, los asimilamos en nuestro cuerpo, pero guardamos las huellas de esos seres delicados en forma de sensaciones, de colores y de luz, de texturas, de un contacto en el paladar, en la garganta. Hay tantas cosas que podemos reactualizar en nuestra vida como queramos, tantas como vivamos”.


La semilla del fin del mundo

La semilla del fin del mundo

Los ‘bateeiros’ recogen cría para otra campaña con el temor a la caída de precios

 /  A Coruña 26 MAY 2013 - Diario El País




Francisco Alcalde, presidente de la Denonimación de Origen del Mejillón, recogiendo cría /XURXO LOBATO

Francisco y Manuel Alcalde tienen en sus manos el futuro del mejillón de Galicia. Al menos, el biológico. Por estas fechas, con luna llena y mareas vivas, recogen en el mar batido de la Costa da Morte la cría que luego crecerá en las bateas hasta convertirse en el mejor mejillón del mundo. Y luego, ya veremos. El futuro económico no se gana a golpe de rasqueta: en los últimos años, la producción no ha dejado de caer, arrastrada por la baja demanda de la industria, que ahora procesa también mejillón foráneo. Los precios se han desplomado un 20% desde 2003, cuando se vendía a 51 céntimos el kilo. En 2012, la media no superó los 41.
 A las seis de la mañana, Francisco y Manuel han enganchado el remolque con la lancha a su todoterreno y arrancan desde Rianxo rumbo a la Costa da Morte. No han sido los más madrugadores: hay otros coches con los remolques vacíos y puede verse ya alguna embarcación en el mar. La antigua factoría ballenera de Caneliñas sirve de base. Ellos se toman algunos minutos más para enfundarse los trajes de neopreno, que combaten el frío y echan una mano al principio de Arquímedes ayudando a flotar mejor. El sol ya sale por la popa, detrás del monte Pindo, cuando ellos ponen proa al faro de Carrumeiro.
Los hermanos Alcalde heredaron el oficio de sus padres como otros heredan el color de los ojos. De cinco hermanos, cuatro trabajan en la batea. “Me gustaría que mis hijas siguieran la tradición”, dice Francisco, “pero los datos no ayudan”. Conoce bien las cifras porque es presidente de la Denominación de Origen Mejillón de Galicia. En un día inusualmente soleado, con el mar en calma, el horizonte del fin del mundo parece más despejado que el panorama del sector. Según datos de la Xunta, en 2006 la producción gallega de mejillón superó los 298 millones de toneladas, de las que la industria absorbió 180 millones. El año pasado, demandó solo 79 millones de toneladas de un total de 227. La venta de mejillón fresco ha aumentado, pero no compensa la caída de la demanda de las conserveras.
El presidente de la Denominación de Origen señala a un finisterrae más lejano para explicar el desplome: “La competencia es Chile. Allí llevaron la tecnología gallega y se produce más barato”. Un acuerdo entre Chile y la UE permite el acceso de mejillón de ese país al mercado comunitario sin pagar aranceles. Por eso, el sector gallego demanda una etiqueta de origen. “Se juega a confundir al consumidor, que no sabe que en realidad está comprando conserva fabricada con producto foráneo”. Piensa que la Administración no defiende con energía al sector en este asunto.
El prestigio y la calidad del mejillón gallego le ha permitido ser el primer producto del mar amparado por una Denominación de Origen. “Se reconoce por su sabor a mar, por su textura y paladar”, ensalza el responsable de la DO. Las rías gallegas están caracterizadas por la penetración de corrientes oceánicas profundas que entran por las zonas situadas más al sur y afloran en el interior, saliendo superficialmente por las zonas más al norte. Estas corrientes, unidas a los aportes fluviales, hacen de esta costa un lugar único para la cría del mejillón. Su cultivo en Galicia se debe a la presencia de este bivalvo en el medio natural: se trata de un mejillón autóctono, robusto y muy adaptado al ecosistema de las rías.
Con los primeros cambios de la primavera se produce el desove. Los individuos más sensibles a las condiciones de luz y temperatura son los primeros en liberar los gametos, y luego, sus congéneres menos precoces empiezan a desovar “por simpatía”. En este momento, los cultivadores lanzan los colectores al mar para que se adhieran las larvas que se convertirán en adultos. Pero este no es el método más usual para repoblar las bateas: la mayor parte de la cría de mejillón (mexilla) se extraerá de las rocas de la costa, una reserva genética riquísima que abastecerá nuevamente el sistema productivo de mejillón más eficiente del mundo: las bateas.
Francisco y Manuel Alcalde saltan a las rocas en la isla Lobeira Grande, entre O Pindo y Fisterra. La suerte les sonríe: no hay más barcos en la zona, quizá por el riesgo. La mejor mexilla está fuertemente adherida a las piedras más batidas. Rasqueta, esfuerzo, valentía y respeto al mar son las suertes de esta faena, tal vez la más desconocida del trabajo de los bateeiros. Los minúsculos mejillones van llenando primero cestos y luego sacos. “La cría debe tener un tamaño menor de dos centímetros”, explica Francisco. En las bateas rianxeiras empezará luego el trabajo para fijar la mexilla a las cuerdas. Durante los siguientes 12 a 18 meses el mar hará el resto. El mejillón es sinónimo de riqueza para las rías, sobre todo para la de Arousa, pero también para zonas como Pontevedra, Vigo, Muros y Sada. En Galicia hay 3.337 bateas y el sector da trabajo directo a 13.400 personas.

Cocineros de la prehistoria

Cocineros de la prehistoria

Unos residuos de especias en cacharros de hace más de 6.000 años indican que los humanos prehistóricos del Norte de Europa condimentaban sus alimentos con especias

 Madrid 22 AGO 2013 - Diario El País.
Vasijas prehistóricas y fitolitos de plantas en residuos de alimentos fotografiados mediante microscopio electrónico de barrido. / PLOSONE

La aliaria, o hierba de ajo da gusto a la comida con un fuerte aroma parecido al ajo. Y ya lo apreciaban los humanos prehistóricos de hace 6.100 años, que añadían esta especia a sus alimentos. Así lo desvela la presencia de restos microscópicos de la hierba Alliaria petiolata en recipientes cerámicos de cocina hallados en yacimientos de Dinamarca y de Alemania, en el Báltico, y corresponden a una época en que las poblaciones estaban pasando de ser cazadoras-recolectoras a establecerse en las primeras granjas.
“Esta semilla tiene un sabor fuerte, con escaso valor nutricional, y los restos se encuentran en el interior de vasijas junto con residuos de animales terrestres y marinos; es la primera prueba directa del uso de especies en la comida en la cocina prehistórica de Europa occidental”, escriben los investigadores, liderados por Hayley Saul (Universidad de York, Reino Unido) en su artículo científico, publicado en la revistaPlosOne. Más adelante, detallan algo más los platos que debieron deleitar los paladares prehistóricos: se trataba de productos del mar (como mejillones, vieiras o pescado) o de rumiantes terrestres, como ciervo, a la vista de las sustancias químicas de grasa halladas en las muestras de los mismos cacharros de cocina. Y también cebolla, tal vez, porque ya se había descubierto el uso de este ingrediente en la cocina de la región de la misma época, recuerda la web Sciencemag, haciéndose eco de la noticia de la aliaria, pero puntualizando que la hierba de ajo se utilizaría exclusivamente por su sabor, no por ser nutritiva.
Localización de los yacimientos, en Dinamarca y Alemania, donde se han encontrado cacharros de cocina de hace unos 6.000 años con restos de alimentos carbonizados. / PLOSONE
La Alliaria petiolata es una planta anual o bienal que alcanza un metro de altura y florece de abril a junio.
Saul y sus colegas han realizado análisis de microfósiles en los restos carbonizados hallados en vasijas de hace entre 6.100 y 5.750 años, y han hallado minúsculas partículas, denominadas fitolitos, que se integran en los tejidos vegetales a partir de los minerales que las plantas absorben del suelo por las raíces. Ellos explican que han encontrado estos fitolitos en 26 de las 74 muestras de restos carbonizados (siempre del interior de los recipientes) que han analizado y que, al compararlos con 120 especies de plantas de Asia y de Europa, solo han encontrado similitudes con los fitolitos de la Allaria petiolata.
Los investigadores argumentan el interés de esta línea de investigación de microfósiles y recuerdan que los fitolitos sugieren (en otros estudios) que el arroz se cultivaba hace 13.000 años en la región del río Yangtzé, en China.
Pero, volviendo a la aliaria, Saul y sus colegas concluyen en PlosOneque, “pese al modesto número de muestras, queda demostrado por encima de toda duda que se utilizaban especias regularmente en la época de introducción de la domesticación en las regiones del Báltico noroccidental”. Pero señalan que, aunque la aliaria crece en esa zona, no está claro aún si su uso culinario fue autóctono o una práctica importada de Oriente Próximo.

domingo, 1 de septiembre de 2013

La cesta básica del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) está en Bs. 2.779,21, con una variación absoluta de 42,14, mientras que el salario mínimo es de dos mil 475,02. Existe un déficit en el bolsillo de los venezolanos de 304,19 bolívares. En Valencia ese diferencial es aún mayor puesto que la media nacional para julio es 1,54%, mientras en Valencia con 3,16%, ocupando el tercer lugar.

El carabobeño 22 agosto 2013

Valencianos deben lidiar a diario con altos precios de alimentos

La cesta básica del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) está en Bs. 2.779,21. (Foto El Carabobeño)
Dayana Benavides
La cesta básica del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) está en Bs. 2.779,21, con una variación absoluta de 42,14, mientras que el salario mínimo es de dos mil 475,02. Existe un déficit en el bolsillo de los venezolanos de 304,19 bolívares. En Valencia ese diferencial es aún mayor puesto que la media nacional para julio es 1,54%, mientras en Valencia con 3,16%, ocupando el tercer lugar.
Esa cifra no incluye los recientes aumentos de la pasta, la harina precocida y el pan anunciados por el Ejecutivo. Además los consumidores suelen encontrar sustitutos de los productos regulados a mayor precio, porque no se consiguen de manera regular, lo que encarece aún más sus compras.
La leche en polvo, cuyo valor en lata de un kilo es de 36,44 bolívares y 32,04 para la bolsa de 900 gramos, está desaparecida de los anaqueles de acuerdo a numerosos testimonios. Solo se consiguen en presentaciones de bajo contenido graso o con agregados de calcio cuyos precios oscilan entre 47,70 y 60 por kilo. La leche pasteurizada cuesta 6,60 el litro, pero la de larga duración cuesta 16,90.
Carmen Da Silva, compradora, al ver un empaque de este producto comentó que es un crimen lo que está pasando. Igual sucede con la harina precocida, con el nuevo ajuste anunciado por el gobierno costará 7,41 bolívares, pero en presentaciones con trigo y avena, integral, entre otros, cuesta más del doble.
Otra queja recurrente son los altos precios en verduras y hortalizas. Entre los vegetales que han tenido una variación significativa están cebolla 28,82%; melones 19,19%; ocumo 15,51%; auyama 14,02% y plátanos 13,58%, de cuerdo a cifras del INE.
Ana Rodríguez, invidente y jubilada, relató lo difícil que es para ella cubrir sus necesidades. Nada más en medicamentos gastó 900 bolívares, y no pudo comprar todo, pero no tiene otra elección. “Si no los compró me muero” dijo afligida, mientras trataba de adquirir algunas verduras con el dinero restante, pues debe seguir un régimen sano de alimentación.
Juliet de Tenorio comentó que después de trabajar muchos años asalariada, tomó la decisión de independizarse, y aunque dice que el sueldo le alcanza para cubrir sus gastos, relató que no es nada fácil, pues debe invertir tres salarios mínimos para ello.

El informe difundido por la Organización Mundial de la Agricultura y la Alimentación en julio señala que Venezuela alcanzó el primer lugar entre los países de Suramérica con más obesidad y el segundo lugar en Latinoamérica en esa condición. Las cifras difundidas en el Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación 2013, indican que 31% de los habitantes del país son obesos, lo que significa que en la región sólo es superado por México, donde 32,8% de la población padece ese problema.

Altos costos y escasez favorecen la obesidad

La desproporcionada ingesta de alimentos y la falta de ejercicio conducen a la obesidad /Cortesía Proa
La desproporcionada ingesta de alimentos y la falta de ejercicio conducen a la obesidad /Cortesía Proa
Hortalizas y proteínas desaparecen de la dieta debido a la disponibilidad restringida de productos, aseguran expertos

El informe difundido por la Organización Mundial de la Agricultura y la Alimentación en julio señala que Venezuela alcanzó el primer lugar entre los países de Suramérica con más obesidad y el segundo lugar en Latinoamérica en esa condición.
Las cifras difundidas en el Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación 2013, indican que 31% de los habitantes del país son obesos, lo que significa que en la región sólo es superado por México, donde 32,8% de la población padece ese problema.
Investigaciones anteriores han alertado sobre el asunto. El Estudio Nacional de Prevalencia de Sobrepeso y Obesidad, efectuado entre 2008 y 2010 por el Instituto Nacional de Nutrición, indica que 37% de los venezolanos tiene exceso de grasa. Pese a que la FAO reconoció a Venezuela por el logro de haber reducido el hambre a la mitad -oficialmente, la desnutrición ha disminuido 62%-, el problema de la obesidad no parece retroceder, con las consecuencias que trae para la salud pública por su relación con la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades crónicas.
Debido a la situación, el Gobierno decidió lanzar la campaña Buen Comer para el Vivir Bien, con el trompo alimenticio como punta de lanza de un nuevo modelo de alimentación. En él se especifican los tipos de nutrientes que se deberían consumir a diario —como carnes, cereales, lácteos, hortalizas y frutas— para obtener una dieta variada y balanceada.
Sin embargo, no parece fácil para las familias venezolanas seguir esas recomendaciones oficiales. Los altos costos de los alimentos, el bajo poder adquisitivo de la población y la escasez de productos conspiran contra ese objetivo, alerta la presidenta de la Asociación Venezolana para el Estudio de la Obesidad, Imperio Brajkovich.
Precisamente, el informe de la FAO advierte que es responsabilidad de los gobiernos tomar medidas para combatir la malnutrición y que se debe prestar "una mayor atención a alimentos ricos en nutrientes como frutas, hortalizas, legumbres y a alimentos de origen animal”.
Sin acceso. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, el valor promedio de la Canasta Alimentaria Normativa alcanzó en julio los 2.779,21 bolívares mensuales, más que el salario mínimo que es ahora de 2.702,73 bolívares. Sin embargo, ese indicador está basado en la dieta promedio de los venezolanos, que incluye un alto porcentaje de carbohidratos y grasas, y no en la dieta ideal cuyos componentes pueden hacer aún más costoso un mercado.
Para los expertos, es paradójico que se hagan esfuerzos en la regulación de alimentos con alto contenido de grasas y carbohidratos, mientras se descuidan renglones como frutas y vegetales. Nixa Martínez, presidenta del Colegio de Nutricionistas y Dietistas de Venezuela, asegura que el venezolano está obligado a comer lo que puede y no lo que necesita.
La distorsión en el mercado lo lleva a priorizar la compra de ingredientes con muchas calorías, regulados y más económicos, pero altos en grasas y azúcares, y a evitar las frutas y verduras, por lo costosas, apunta Maritza Landaeta, presidenta del capítulo venezolano de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición. “Ahora es frecuente encontrar niños, adolescentes y adultos malnutridos, con exceso de peso, pero con déficit nutricional, por tener una alimentación desequilibrada, en la que comen siempre lo mismo e ingieren una cantidad muy baja en vegetales”, explica.

Mi experiencia alimentaria en alta mar nunca había sido muy gratificante, por lo que tenía mis dudas cuando el chef Rufino Rengifo comenzó a hablarme de la comida a bordo de sus barcos. Bueno, en realidad no son suyos, son de la compañía en que trabaja, Celebrity Cruises, donde tiene la responsabilidad como chef ejecutivo de ser parte del equipo que organiza y controla lo que se come en sus naves en cualquier parte del mundo, donde se sirven ¡cien mil comidas diarias! Hay que ver lo que eso significa.

El vino navega bien a bordo de un crucero

Lograr que 2.800 pasajeros disfruten una gastronomía de primera en alta mar es una odisea posible
Lograr que 2.800 pasajeros disfruten una gastronomía de primera en alta mar es una odisea posible
Lograr que 2.800 pasajeros disfruten una gastronomía de primera en alta mar es una odisea posible. En este viaje por Alaska se cuenta cómo se hace en una línea de cruceros donde el venezolano Rufino Rengifo es uno de sus chefs ejecutivos

Bacalao, limones y bizcocho. Esa fue la dieta de los grandes navegantes que se enfrentaron por primera vez a los mares de un mundo que no era plano, sino redondo. El pescado salado era la fuente de proteínas necesarias para soportar travesías prolongadas, el limón los protegía del escorbuto provocado por la carencia de vitamina C, y el bizcocho, un pan duro horneado dos veces, era el carbohidrato que acariciaba los estómagos de los marineros de entonces. Hoy, en estos inicios del siglo XXI, hay que hacerse a la mar para comer bien y beber mejor. Es la tendencia de ciertos cruceros cuyo viaje, a donde quiera que sea, tiene un nuevo destino: la gastronomía y el vino.

Mi experiencia alimentaria en alta mar nunca había sido muy gratificante, por lo que tenía mis dudas cuando el chef Rufino Rengifo comenzó a hablarme de la comida a bordo de sus barcos. Bueno, en realidad no son suyos, son de la compañía en que trabaja, Celebrity Cruises, donde tiene la responsabilidad como chef ejecutivo de ser parte del equipo que organiza y controla lo que se come en sus naves en cualquier parte del mundo, donde se sirven ¡cien mil comidas diarias! Hay que ver lo que eso significa.

Rengifo es un chef venezolano a quien conocí hace décadas, cuando comenzó en el oficio como aprendiz en la cocina del restaurante Marco Polo de Amadeo Mazzucato. Hoy es el encargado de que pasajeros y tripulación coman incluso mejor que en tierra firme. Ante mis interrogantes planteamos un desafío y el azar escogió como destino Alaska a bordo del Soltice, un viaje con libertad para comer y probar todo, revisar las bodegas, husmear en las cocinas, andar por todos lados para poder quejarme de todo. Con honestidad, debo decir que perdí la apuesta. A bordo se come muy bien y se bebe el mejor vino.

Mar de tintos y blancos. Si son amantes del vino se quedarán con las ganas, ¿Por qué? Porque la selección incluye 600 etiquetas de las principales regiones productoras del mundo y en 7 días de crucero es imposible probarlas todas. Realmente una provocación ver tantas opciones, especialmente de vinos que no llegan a Venezuela y, muy importante, a precios ajustados a lo que uno paga en cualquier enoteca. Grandes nombres como Petrus o Chateau d’Yquem hay que ordenarlos rápidamente porque los que saben y pueden pagar por ellos, es lo primero que piden. Pero el verdadero placer está en revisar la carta de los diversos restaurantes del barco e ir por lo que más nos gusta o lo que nos interesa conocer y no podemos hacer aquí. En mi caso, Nueva Zelanda, Australia, California, además de Francia e Italia, obviamente.

Cada restaurante tiene su carta ajustada a la propuesta gastronómica, pero si hay un vino que uno prefiera y no está incluido en ella, el sumiller no vacila en buscarla en la Wine Tower, donde está debidamente dispuesta toda la bodega. Vista desde lejos, parece una provocadora escultura. Si se trata de algo especial o muy costoso siempre existe la posibilidad de catar una copa en el Cellar Master, donde existe un sistema Enomatic con botellas seleccionadas donde uno escoge el vino que desea. Son 16 etiquetas diarias que no requieren más que la copa, seleccionar el vino e insertar la tarjeta de crédito, un autoservicio de lujo. Además de las etiquetas escogidas, a bordo se ofrece un vino de la casa de muy buen recuerdo elaborado por Jackson Family Wines, de California, excelente vino cotidiano nombrado Celebrity Cellar Master.

Para los que quieren aprender de vinos, el Soltice tiene cada día un curso especial para los que se interesen, con temas como: introducción al sistema Enomatic Wine Machine, descubrimiento del vino, explorando el Oporto, el arte de combinar vino y comida, vinos orgánicos, degustando vinos en copas Riedel, etc.
Dependiendo de la zona de cada crucero, la selección de vinos varía. En este caso, por Alaska, Estados Unidos, predominaban vinos californianos. Cuando el crucero es por Europa, son más los vinos europeos; cuando el viaje es por el Pacífico Sur, Australia y Nueva Zelanda dominan la carta. La cantidad de etiquetas es la misma, varían solo los nombres. Una buena razón para intentar un nuevo viaje y probar los que quedaron pendientes del anterior.

Sabor a bordo. El mar abre el apetito, lo sabemos todos. De lo que no estamos seguros es cómo satisfacerlo. Darle de comer a 2.800 pasajeros y 1.700 tripulantes es algo complicado, pero hacerlo bien, es una hazaña. De eso se encargan 167 cocineros y ayudantes que están las 24 horas preparando algo, bajo la conducción del chef ejecutivo Germán Rijo.

El primer reto es el suministro. ¿Qué hacer en un barco cuando se acaban las chuletas, por ejemplo, y figuran como plato principal en el menú? No se puede ir a la carnicería de la esquina; por eso, todo está planificado y se trabaja con una programación computarizada conforme a lo que la gente elige cada día y, de faltar algo, el proveedor se encarga de enviarlo como sea al próximo puerto. Además, no se puede comprar en cualquier parte: todos los productos deben cumplir rigurosos controles según las normas sanitarias de Estados Unidos. Si, por casualidad, lo preparado no se consume dentro de cuatro horas, debe ser desechado, aunque no huela ni se vea mal.

Son las reglas. Todo lo alimenticio reciclable no consumido es luego procesado y lanzado como alimento para los peces, cumpliendo así con la sagrada ley de la naturaleza de que nada se pierde, solo se transforma.
El que quiera pasar comiendo a bordo del Soltice todo el día, puede hacerlo, tiene 16  opciones. El que quiera comer a la hora que le apetezca, siempre encontrará donde hacerlo.

Venezolanos y extranjeros recorrieron el mercado y conocieron datos del origen de la comida criolla

Quinta Crespo guarda los sabores de la capital

En el mercado de Quinta Crespo se consiguen los ingredientes que aportan sabor a la cocina caraqueña
En el mercado de Quinta Crespo se consiguen los ingredientes que aportan sabor a la cocina caraqueña
Venezolanos y extranjeros recorrieron el mercado y conocieron datos del origen de la comida criolla 

Los ojos de res son el ingrediente secreto de "la bomba", bautizada así por J. Da Silva en el puesto 1 de la zona periférica del Mercado de Quinta Crespo. La receta también incorpora lechosa, huevo, vino Sansón, leche, vainilla y canela.
Una española se lleva el batido a la boca y arruga la cara. Acaba de enterarse de la peculiar combinación que Da Silva sirve en la primera parada de la ruta inaugurada ayer por las chicas de Urbanimia en el mercado municipal. “Los venezolanos tenemos el hábito de acompañar las comidas con jugos de frutas naturales, mientras que para los extranjeros es inconcebible acompañar un plato de carne con un jugo de fresa. Por eso mezclamos lechosa con naranja o naranja con remolacha y zanahoria”, explicó Vanessa Rolfini, periodista especializada en la fuente de gastronomía e invitada especial al recorrido.
En los laberintos del mercado se observa una variedad de quesos y carnes, de hortalizas y frutas. Los colores del mango y la lechosa atraen al puesto de Armando Pita, en otro pasillo de la zona periférica. “La lechosa fue prohibida en tiempos de Linares Alcántara porque minutos antes de morir el entonces presidente estaba comiéndola”, reveló Adriana Arias, creadora de Urbanimia.
El cambur es otra de las frutas consentidas del venezolano, y Elí Velásquez ofrece 4 tipos. “Tenemos topocho, manzano, y también están el cambur negro y morado, que en este momento no tenemos”, dijo Velásquez, mientras repartía trozos a los visitantes.
En otro puesto, Marcial Aguilar dio a probar el dulce denominado aliado, especie de malvavisco, parecido al marshmallow, que incluye en su preparación tuétano de ganado. Arias explicó que el bocadillo obtiene su consistencia gracias a la incorporación del tuétano de los huesos de la rodilla o de la cola de la res, y ese descubrimiento se debe a que en la mesa del caraqueño siempre estuvo presente la carne y el dulce. “El caraqueño de la Colonia no comía hortalizas porque pensaba que se le iba a inflar la barriga o que iba a padecer de una terrible enfermedad, por eso le sacaron provecho a los ojos, huesos y cuero del ganado”, contó.
El recorrido por 13 puestos finalizó con la muestra de casabe y culinaria indígena de Edgard Muro. En su puesto ofrece miel y varios tipo de casabe, como la naiboa. También vende harina de maíz cariaco, con la que se realiza la base de la famosa torta Bejarana, propia de la cocina caraqueña. En este punto, Arias explicó el origen de la arepa, criticada por los viajeros extranjeros, quienes atribuían al patriotismo el gusto por ese alimento.
Sobre el casabe, Rolfini destacó que en Venezuela hay más de 200 tipos de ese tipo de pan de yuca.

Explorando la ciudad. La ruta, recién inaugurada, forma parte del objetivo principal de Urbanimia, que es promover desde 2012 la exploración de las esquinas y los sitios públicos de Caracas mediante recorridos ricos en micro-anécdotas históricas.
Noelia Molina es española y vive en Venezuela desde hace tres meses. Su gusto por la cocina venezolana la ha llevado a investigar y participar en las rutas que recorren la ciudad. Cuenta con asombro cómo los fines de semana encuentra las calles desiertas, mientras los centros comerciales están abarrotados. “Muchos caraqueños no conocen su propia ciudad. Siento que la gente no aprovecha las calles ni este clima privilegiado”, dijo.

Un poco de historia
Quinta Crespo fue el primer mercado libre, creado después de que desapareció el mercado de San Jacinto, el 8 de junio de 1951. Debe su nombre a Joaquín Crespo, quien donó las tierras, pero la edificación se concretó durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, quien se empeñó en construir varios expendios municipales en la ciudad, entre los que destaca el de Guaicaipuro.
El mercado está dividido en la zona periférica y el mercado libre, unidas en el siglo XX para evitar conflictos entre los vendedores, relató Adriana Arias, fundadora de Urbanimia. Arias también explicó que la mayoría de los comerciantes son extranjeros que migraron a Venezuela durante las décadas de los cuarenta y cincuenta. Antiguamente, parte del mercado de Quinta Crespo funcionaba en lo que es hoy la plaza Bolívar de Caracas. Fue Antonio Guzmán Blanco quien impulsó la creación de la plaza y mudó el mercado a otros sitios de Caracas, como San Jacinto y Altagracia.