Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP

Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP
Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP del cual fue su Coordinador al inicio. GASTRONOMIA (del griego γαστρονομία)es el estudio de la relación del hombre con su alimentación y su medio ambiente o entorno.Gastrónomo es la persona que se ocupa de esta ciencia. A menudo se piensa erróneamente que el término gastronomía únicamente tiene relación con el arte culinario y la cubertería en torno a una mesa. Sin embargo ésta es una pequeña parte del campo de estudio de dicha disciplina: no siempre se puede afirmar que un cocinero es un gastrónomo. La gastronomía estudia varios componentes culturales tomando como eje central la comida.Para mucha gente, el aprender a cocinar implica no solo encontrar una distracción o un pasatiempo cualquiera; pues cocinar (en un término amplio) es más que solo técnicas y procedimientos... es un arte, que eleva a la persona que lo practica y que lo disfruta. Eso es para mi la cocina, con mis obvias limitaciones para preparar diversos platillos, es una actividad que disfruto en todos sus pasos, desde elegir un vegetal perfecto, pasando por el momento en que especiamos la comida, hasta el momento en que me siento con los que amo a disfrutar del resultado, que no es otro más que ese mismo, disfrutar esta deliciosa actividad o con mis alumnos a transmitirles conocimientos que les permitirán ser ellos creadores de sus propios platos gracias a sus saberes llevados a sabores

viernes, 30 de diciembre de 2016

Feliz Año 2017 brindando con una espumante y exquisita copa de champagna...

Alberto Soria

Alberto Soria

Etiquetas psicológicas


En la modernidad, una botella se parece cada vez más a un pantalón. Inventado este como prenda para guerreros de arco y flecha montados en un caballo, su extendido consumo global hoy depende de la etiqueta. No por lo que es o dice, sino por lo que sugiere.
I.
Hasta mediados del siglo XX había una lógica y una racionalidad en el mundo de las botellas: las de vino eran eso. El vodka contenía aguardiente para personas que viven bajo cero. Los marineros se sentían dueños del ron, y el tequila era trago de charros. Hoy no. Las botellas no encierran lo que los hombres obtienen de los viñedos, plantaciones de caña o cereales y destilerías, sino deseos, ambiciones, antojos y sutilezas.
El contenido de las botellas –como nunca antes en la historia de las civilizaciones– reside en la mente del consumidor, al que se sugestiona, ilustra, o marea.
Las bebidas en la modernidad andan constantemente en la búsqueda de psicólogos para bucear entre razones y reacciones; de sociólogos, para entender raíces y diferencias; de especialistas en marketing, para buscar sintonías con el mercado. Necesitan publicistas para transmitir mensajes. Y, finalmente, de consumidores en focus-group, donde se les pregunta por qué, cambian tanto; por qué ya no son tan predecibles como ayer. Es decir, hace apenas 25 años.
Así, para la venta y consumo, la etiqueta psicológica prevalece ahora sobre el contenido. Ahora en este negocio de saberes y heredades, de tradición y emblemas centenarios, la etiqueta psicológica y no la racionalidad de los atributos específicos de alcoholes de 11 a 44 grados condiciona preferencias, dispara o frena demandas de compras.
En el mundo de los destilados, ron, vodka y tequila han sido transformados –por acto cercano a la magia–, de trago de tipos rudos que desafían el clima, la soledad y las asperezas de la vida, a copa elegante de sílfides y vestales. En lugar de fuego, simbolizan juventud, urbanidad, delicadeza. Futuro, no pasado.
II.
La etiqueta psicológica es hoy “la” etiqueta. Que ya no está en la botella, sino en la mente del consumidor.
Interrogado sobre la tendencia, Jean Guy Loustau, autoridad francesa en vinos, explicó así el fenómeno: “Las gentes beben lo que se merecen, y los que se refugian tras las etiquetas, beben etiquetas”

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