Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP

Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP
Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP del cual fue su Coordinador al inicio. GASTRONOMIA (del griego γαστρονομία)es el estudio de la relación del hombre con su alimentación y su medio ambiente o entorno.Gastrónomo es la persona que se ocupa de esta ciencia. A menudo se piensa erróneamente que el término gastronomía únicamente tiene relación con el arte culinario y la cubertería en torno a una mesa. Sin embargo ésta es una pequeña parte del campo de estudio de dicha disciplina: no siempre se puede afirmar que un cocinero es un gastrónomo. La gastronomía estudia varios componentes culturales tomando como eje central la comida.Para mucha gente, el aprender a cocinar implica no solo encontrar una distracción o un pasatiempo cualquiera; pues cocinar (en un término amplio) es más que solo técnicas y procedimientos... es un arte, que eleva a la persona que lo practica y que lo disfruta. Eso es para mi la cocina, con mis obvias limitaciones para preparar diversos platillos, es una actividad que disfruto en todos sus pasos, desde elegir un vegetal perfecto, pasando por el momento en que especiamos la comida, hasta el momento en que me siento con los que amo a disfrutar del resultado, que no es otro más que ese mismo, disfrutar esta deliciosa actividad o con mis alumnos a transmitirles conocimientos que les permitirán ser ellos creadores de sus propios platos gracias a sus saberes llevados a sabores

sábado, 31 de enero de 2015

Porque Venezuela apenas se alimenta. Hoy come peor que nunca, es un país que no puede ver la gastronomía más que como una banalidad, una moda, en el mejor de los casos, un privilegio de pocos, una obsesión de académicos.

CARPE VINUM

Definitivamente, gastronomía y hambre no pueden caminar de la mano...

VLADIMIR VILORIA |  EL UNIVERSAL
sábado 31 de enero de 2015  12:00 AM
Gastronomía en la inopia
Proyección de abundancia y riqueza colectiva, definitivamente, gastronomía y hambre no caminan agarradas de la mano.

Y si sumamos la escasez a los absurdos precios del vino y el licor, la depresión toca mi puerta, me saluda ojerosa y fría, con cara de pocos amigos, pero me hago el loco y no la dejo entrar, al menos no todavía.

Un país con una escasez de productos básicos que rebasa los 70 puntos porcentuales, que importa buena parte de lo que pone en su mesa -lácteos, carne, pollo, arroz, el modesto frijol negro de su plato nacional, el maíz de su arepa y el azúcar y el café de su justiciera infusión mañanera, entre otros tantos rubros- difícilmente puede ser capaz de producir referentes gastronómicos propios y trascendentes.

Los productores nacionales que sobreviven, ojalá y ganen su batalla y sigan dando ejemplo de constancia, sacrificio y voluntad. Ellos sí que saben pelear su verdadera "guerra económica".

Porque Venezuela apenas se alimenta. Hoy come peor que nunca, es un país que no puede ver la gastronomía más que como una banalidad, una moda, en el mejor de los casos, un privilegio de pocos, una obsesión de académicos.

Así, apuro un trago de ron y pienso que hoy tenemos más que nunca el reto cultural de reconocernos y reencontrarnos, nada más y nada menos que en el desolador escenario de empobrecidos mercados, con ingredientes para recrear y recomponer nuestro menú criollo de siempre.

Productos de toda la vida, que casi nunca faltan y son cosecha diaria del campesino que nos queda -plátano, yuca, papa -hoy duramente golpeada-, ñame, ocumo, apio, auyama, batata, mapuey, o el maguey y su flor; nuestras aromáticas y diversas frutas, los ricos y raros pescados de río y mar o las vísceras de la res, por ejemplo, casi siempre despreciados, hoy merecen nuestra atención.

Paradójicamente y si quisiéramos sacar algo bueno de este complicado momento económico, con una elevada inlfacción, la penuria debería abrir paso a la creatividad y a echar mano de lo que siempre estuvo ahí -¿inconciencia propia del consumismo rentista?- y se valoró poco o casi nada.

Ya lo decía el viejo Revel: "La historia de la gastronomía es precisamente una sucesión de cambios, conflictos, distanciamientos y reconciliaciones... ".

Tal vez, comenzar a revalorizar nuestra cocina regional, austera pero rica y deliciosamente femenina, tarea pendiente de nuestros mandiles, podría ser un horizonte para batallar esta durísima crisis y así dar con las claves trascendentes de un sentido gastronómico real, alegre, sabroso, nutritivo y sinceramente venezolano.

vladimirviloria@gmail.com

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