Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP

Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP
Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP del cual fue su Coordinador al inicio. GASTRONOMIA (del griego γαστρονομία)es el estudio de la relación del hombre con su alimentación y su medio ambiente o entorno.Gastrónomo es la persona que se ocupa de esta ciencia. A menudo se piensa erróneamente que el término gastronomía únicamente tiene relación con el arte culinario y la cubertería en torno a una mesa. Sin embargo ésta es una pequeña parte del campo de estudio de dicha disciplina: no siempre se puede afirmar que un cocinero es un gastrónomo. La gastronomía estudia varios componentes culturales tomando como eje central la comida.Para mucha gente, el aprender a cocinar implica no solo encontrar una distracción o un pasatiempo cualquiera; pues cocinar (en un término amplio) es más que solo técnicas y procedimientos... es un arte, que eleva a la persona que lo practica y que lo disfruta. Eso es para mi la cocina, con mis obvias limitaciones para preparar diversos platillos, es una actividad que disfruto en todos sus pasos, desde elegir un vegetal perfecto, pasando por el momento en que especiamos la comida, hasta el momento en que me siento con los que amo a disfrutar del resultado, que no es otro más que ese mismo, disfrutar esta deliciosa actividad o con mis alumnos a transmitirles conocimientos que les permitirán ser ellos creadores de sus propios platos gracias a sus saberes llevados a sabores

domingo, 11 de agosto de 2013

El vino de hoy ya no es lo que antes era. Cambiaron las sociedades, los gustos, las distancias, el acceso al conocimiento, los estilos, el hambre y las ganas. En el vino, la transformación no es radical. Es silenciosa. Viene de antes, asegura el experto español Juancho Asencio.

El cambio silencioso no para

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En el vino –mundialmente– avanza un cambio silencioso. Que lo degusta quien sepa buscarlo, y que el conocedor advierte.
Pasa advertido para las multitudes de nuevos consumidores porque su guía –el mercadeo, la publicidad– no lo mencionan. La mayoría de las marcas y botellas (al contrario de lo que se ofrece hoy a la sociedad moderna) han vendido los años, la antigüedad, como un gran valor. Auténtico, inmutable. Como si la huella digital fuese la misma.
Nadie se atreve a proclamar en la etiqueta “este es un producto perecedero”. Tampoco “si no lo descorcha a tiempo, morirá en esta botella”. El negocio del vino mercadea valores como si eso no fuese un alimento, sino numismática y filatelia.
El whisky, el coñac y el ron se lo agradecen. Los destilados aplauden. Saben proclamar la edad y el envejecimiento como un atributo… aunque algunos sepulten años de trabajo y añejamiento en un cuarto de kilo de hielo al que además “mejoran” con agua ‘e coco.
I
El vino de hoy ya no es lo que antes era. Cambiaron las sociedades, los gustos, las distancias, el acceso al conocimiento, los estilos, el hambre y las ganas. En el vino, la transformación no es radical. Es silenciosa. Viene de antes, asegura el experto español Juancho Asencio.
Comenzó en los años 60 y 70 en la Toscana y el Piemonte. En los años 80 en algunas regiones de España. Los aristócratas en Francia siguen apelando a sus castillos, que ahora compran los multimillonarios asiáticos, con el Barón adentro. Después el cambio llegó al Nuevo Mundo. Y desde a todas partes, mientras los cartógrafos modifican los mapas porque el mundo desde 1988 cambió.
En vinos, la tierra ya no es tierra sino suelos y parcelas. El embotellar por naciones ya no sirve. El clima importa más que la bandera. La visión del campo productivo comenzó hace rato a ser diferente. Se habla de castas, variedades de uva y ensamblajes. Por su color, el vino ya no se vende.
II
El cambio tiene muchas vertientes: La educación, la formación de nuevos profesionales que aportan visiones y ensayos diferentes, el relevo generacional en bodegas y propiedades, la mezcla de talento entre los veteranos y los jóvenes en los procesos de elaboración.
Después de decenios en que sólo los viejos quedaban poblando y atendiendo los viñedos, ahora han regresado los jóvenes. Tienen estudios y ganas. Quieren rescatar la tradición, pero a la vez transformarla. Lo están logrando.

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