Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP

Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP
Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP del cual fue su Coordinador al inicio. GASTRONOMIA (del griego γαστρονομία)es el estudio de la relación del hombre con su alimentación y su medio ambiente o entorno.Gastrónomo es la persona que se ocupa de esta ciencia. A menudo se piensa erróneamente que el término gastronomía únicamente tiene relación con el arte culinario y la cubertería en torno a una mesa. Sin embargo ésta es una pequeña parte del campo de estudio de dicha disciplina: no siempre se puede afirmar que un cocinero es un gastrónomo. La gastronomía estudia varios componentes culturales tomando como eje central la comida.Para mucha gente, el aprender a cocinar implica no solo encontrar una distracción o un pasatiempo cualquiera; pues cocinar (en un término amplio) es más que solo técnicas y procedimientos... es un arte, que eleva a la persona que lo practica y que lo disfruta. Eso es para mi la cocina, con mis obvias limitaciones para preparar diversos platillos, es una actividad que disfruto en todos sus pasos, desde elegir un vegetal perfecto, pasando por el momento en que especiamos la comida, hasta el momento en que me siento con los que amo a disfrutar del resultado, que no es otro más que ese mismo, disfrutar esta deliciosa actividad o con mis alumnos a transmitirles conocimientos que les permitirán ser ellos creadores de sus propios platos gracias a sus saberes llevados a sabores

lunes, 30 de diciembre de 2013

¿Quién fue Andrés Eloy Blanco? a quien cito en anterior entrada.

Es nuestro

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En fecha reciente el historiador Elías Pino Iturrieta nos hizo, cual magnífico regalo, una actualización del invalorable recuerdo de Andrés Eloy Blanco, a propósito del desempeño político del mismo y de lo que al respecto escribiera el ex presidente Caldera.  Se destacaba la forma brillante en que él supo conducir la Asamblea Nacional Constituyente al debido cumplimiento de su función primordial; forzados ahora en cambio a concluir, como lamenta tener que terminar su texto el analista, percibiendo que  ella es hoy una instancia  vergonzosamente degradada.
Como expresión de su sensibilidad política y de su conciencia democrática, el poeta puso su ingenio y su cultura al servicio de la causa antigomecista; a finales de los años veinte hizo periodismo clandestino, creando una publicación que circulaba mimeografiada: El Imparcial, cuyo lema decía “Saldrá de vez en cuando. Habla poco. No se vende”; allí satirizaba al dictador en versos que el pueblo no tardó en adoptar y repetir. En 1928 fue encarcelado y torturado bajo la sospecha de ser el responsable de ese periódico, pero nada pudo probársele porque su hermana Rosario con alto sentido político y valentía, siguió elaborándolo y difundiéndolo sin interrupción.
El Andrés Eloy de Poda y Giraluna, de Vargas, el Albacea de la Angustia y de tantas obras importantes en las letras venezolanas, fue asimismo un agudo humorista de gran aprecio popular, y la condición de brillante parlamentario se traducía además en la forma inteligente de conducir los debates, matizada con frecuencia de un gratísimo humor. Llegaron a ser famosos los papelitos que hacía circular o que le pasaba a alguien, con estrofas humorísticas recién improvisadas.
Fue colaborador de Fantoches y El Morrocoy Azul, y su obra humorística la firmó con seudónimos como Francisco Villaguada y Morrocuá Bleu; recibió el homenaje de ser dibujado por los caricaturistas más destacados de su época; LEO  lo hizo en 1923 titulándolo El Poeta del Día; Pako Betancourt lo dibujó en Caricaturas con laureles asomados debajo del sombrero y llevando bajo el brazo un enorme pergamino: el manuscrito del  premiado “Canto a España”; en 1954, tiempo de exilio en México, RAS supo recoger en pocos trazos los principales rasgos caracterológicos; Claudio Cedeño en mayo de 1958 publicó en Dominguito un bello dibujo en el que aparece de pie, en la mesa en que apoya una mano hay un florero y una flor, y en el aire, cerca de su rostro, dos mariposas.
Afirmaba que “la función de reír es más humana, más absoluta que la de llorar. Y mayor encanto y más salud da al alma y más cerca y más digna de Dios la pone la clara risa que se da a Dios todos los días desde un pensamiento limpio”. Más justo que comentar la aceptación popular de la que él gozaba, lo es reconocer la reciprocidad del sentimiento profundo que los unía; él confesó una vez: “Yo soy, pues, y me enorgullezco de decirlo, un discípulo del pueblo”, y el pueblo venezolano siempre lo ha sentido suyo.   
Estimulado por la acertada evocación histórica y en el marco navideño conducente a la medianoche en la que rodeados de emotiva atmósfera familiar recibimos el nuevo año, me sumo a tal recuerdo, además de que siempre hay alguien que anuncia y hace la suerte de ritual de acompañar esas esperadas doce campanadas con el acto de llevarse sendas uvas a la boca, llamadas por eso en el poema “Las uvas del Tiempo”. Y son versos de nuestro poeta cumanés, que han probado ser imperecederos y parte esencial de esa ocasión; yendo así nosotros con él al trance nostálgico y a veces triste, del regreso a la memoria de alguna circunstancia negativa, pero también juntos al expectante encuentro de ese futuro que aspiramos sea luminoso.

Evocación de "Las Uvas del Tiempo"

JOSÉ FÉLIX DÍAZ BERMÚDEZ |  EL UNIVERSAL
martes 31 de diciembre de 2013 
El 31 de diciembre de 1923, hace hoy 90 años, en una fría y solitaria noche en Madrid donde permanecía en ocasión a los homenajes que se le tributaron por su admirable obra: "Canto a España", Andrés Eloy Blanco escribió uno de los más recordados y significativos versos de literatura venezolana: "Las Uvas del Tiempo".

En medio de aquella noche singular en una: "gran ciudad histérica" –como la definió– donde hombres y mujeres se confundían en la alegría de las celebraciones, nuestro poeta se atrevió a confrontar en el recuerdo y en el sentimiento dos presencias entrañables suyas y de todos: a la madre y su tierra. Era, pues, el momento en el que todos se: "colocan las vendas", olvidando el pasado, disfrutando el presente para recibir el porvenir.

En un primer instante el poeta indicó que se encontraba solo, pero luego advirtió que no lo estaba al evocar a la madre distante y a la patria de todos. Observó la tradición de aquella tierra próxima: "las doce uvas de la Noche Vieja...", extrañando sin embargo que: "...aquí no se abrazan ni gritan: ¡FELIZ AÑO!, /como en los pueblos de mi tierra...". "¡Oh nuestras plazas, donde van las gentes/ sin conocerse, con la buena nueva!/ Las manos que buscan con la efusión unánime/ de ser hormigas de la misma cueva;/ y al hombre que está solo, bajo un árbol,/ le dicen cosas de honda fortaleza: / "¡Venid, compadre, que las horas pasan;/ pero aprendamos a pasar con ellas!", evocando también: "... el cañonazo en La Planicie, / y el himno nacional desde la iglesia, / y el amigo que viene a saludarnos: /"feliz año, señores", y a los criados que llegan/ a recibir en nuestros brazos/  el amor de la casa buena".

En su texto, Andrés Eloy exaltó la cena familiar, a los padres, a los hijos, a los íntimos amigos y a pesar que probó las: "ácidas uvas de la ausencia", su poema se iluminó de pronto al recordar: "mi casona oriental..." donde el parral crecido daba uvas también: "más dulces que la miel de abejas", uvas que pudieron salvarse de las: "avispas negras". Añoraba igualmente su infancia cuando permanecía en el estanque, "el corral con guayabos y almendros", "el corral con peonías y cerezas", "los grandes libros de la biblioteca", en la placidez de los años hermosos que formaron al hombre, en esa calidez humana que tanto le distinguió.

No obstante que las glorias de sus letras le llevaron a España a la que cantó de elevada manera a su cultura y a su historia, se preguntaba en su poema si se justificaba el no encontrarse cerca y cómo las aparentes grandes cosas resultaban pequeñas si se comparaban con lo entrañable y principal de la vida.

Mientras así reflexionaba, Andrés Eloy se definió entonces como: "un hombre en busca de un camino...", camino que encontraría plenamente en su obra literaria, ciudadana y política, al descubrir también, como lo hizo entonces, la vereda más próxima al afecto, al hogar, donde su imaginación y su poesía eran libres, "sin críticos".

"Las Uvas del Tiempo" constituye una de sus más altas y populares expresiones poéticas de Andrés Eloy Blanco con la que nos permite valorar a la madre, al hogar, a la patria, la que fue, la que es y debe seguir siendo en el gesto cordial que forma parte de la esencia de lo venezolano y que tanto nos caracterizó en otro tiempo, una patria fraterna, con expresión sincera de sentimientos y propósitos en los que todos participaban y que,  en definitiva, es lo que identifica y fortalece a una nación: su encarnadura humana, su actitud ante los otros, su presencia en la vida, "el buen racimo" que señaló el poeta, producto de ella misma y de todos.

Tal es siempre el admirable testimonio que nos ofrece Andrés Eloy Blanco, a quien se hace necesario estudiar otra vez en este tiempo de inadmisibles negaciones para afirmar lo mejor del alma venezolana que no permite claudicar al deber, al verdadero patriotismo, al significado trascendente de nuestra existencia como individuos y como nación.

Jfd599@gmail.com
 

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