Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP

Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP
Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP del cual fue su Coordinador al inicio. GASTRONOMIA (del griego γαστρονομία)es el estudio de la relación del hombre con su alimentación y su medio ambiente o entorno.Gastrónomo es la persona que se ocupa de esta ciencia. A menudo se piensa erróneamente que el término gastronomía únicamente tiene relación con el arte culinario y la cubertería en torno a una mesa. Sin embargo ésta es una pequeña parte del campo de estudio de dicha disciplina: no siempre se puede afirmar que un cocinero es un gastrónomo. La gastronomía estudia varios componentes culturales tomando como eje central la comida.Para mucha gente, el aprender a cocinar implica no solo encontrar una distracción o un pasatiempo cualquiera; pues cocinar (en un término amplio) es más que solo técnicas y procedimientos... es un arte, que eleva a la persona que lo practica y que lo disfruta. Eso es para mi la cocina, con mis obvias limitaciones para preparar diversos platillos, es una actividad que disfruto en todos sus pasos, desde elegir un vegetal perfecto, pasando por el momento en que especiamos la comida, hasta el momento en que me siento con los que amo a disfrutar del resultado, que no es otro más que ese mismo, disfrutar esta deliciosa actividad o con mis alumnos a transmitirles conocimientos que les permitirán ser ellos creadores de sus propios platos gracias a sus saberes llevados a sabores

martes, 15 de abril de 2014

¡Qué ironia en pleno Siglo XXI y con los más altos precios del barril de petróleo!!!

1. Del trueque al mercado

En los albores de la humanidad, las economías que existían eran las economías de subsistencia o autosuficientes, que se caracterizaban porque las actividades que realizaban los individuos para satisfacer sus necesidades básicas eran muy reducidas. La producción de alimentos consistía básicamente en la caza y recolección de frutos silvestres que eran consumidos de inmediato. Por esta razón, la cantidad de excedentes que podían llegar a producir era muy pequeña.
Sin embargo, pronto se descubrieron las ventajas de que los individuos vivieran en sociedad, pues se posibilita el intercambio. La posibilidad de intercambiar sus excedentes lleva a los individuos a especializarse en tareas concretas, de modo que ya no tengan que preocuparse por producir todo aquello que quieren consumir, pudiendo dedicarse cada persona a la actividad para la que está más dotada, tanto por capacidad como por oportunidad.
La primera forma de intercambio que se utilizó fue el trueque. El trueque consiste en el intercambio de un bien o un servicio por otro. Al hacerlo, las personas que intervienen desempeñan a la vez el papel de comprador y vendedor en la misma transacción económica. Por ejemplo, si una persona quiere comprar manzanas, lo hará a cambio de vender a otra persona otra cosa que posea, como puede ser queso.
 

Como puede verse el trueque presenta serios inconvenientes:
  • Uno es la mutua coincidencia de necesidades: la persona que posee manzanas en exceso y desea venderlas a cambio de queso necesita encontrar a alguien que tenga queso en exceso y desee venderlo a cambio de manzanas. Puede hacer falta mucho tiempo encontrar a alguien que necesite realizar ese intercambio en concreto.
  • Otra dificultad es valorar los bienes que se van a intercambiar. ¿Cuántas manzanas vale un cuarto de queso? ¿Y si los bienes son indivisibles como un carro de madera o un caballo?
El uso del dinero en los intercambios evita los inconvenientes que acabamos de mencionar. Se intercambia un bien por dinero y no por otro bien. En este caso, los agentes que intervienen en cada transacción económica sólo desempeñan el papel de comprador o de vendedor. Este tipo de intercambios se realizan en el mercado.
El mercado es un lugar físico, una institución o cualquier medio, en la que bienes, servicios y factores productivos se intercambian libremente siguiendo el luego de la oferta y la demanda. Por ejemplo: un supermercado, Internet, teletienda, compra por correo, un expendedor automático, etc.
La asignación de recursos, escasos y susceptibles de usos alternativos, se basa en el principio de soberanía de los consumidores, quienes revelan en los mercados sus preferencias al comprar unos productos y no otros, y en el mecanismo de los precios. Esos “votos” o deseos de compra de los consumidores orientan a los productores a la hora de asignar recursos, ya que, llevados por su objetivo de maximizar beneficios, ofertan los bienes que los consumidores demandan.
Esto es lo que Adam Smith denominó el mecanismo de la “mano invisible” en su libro La riqueza de las naciones (1776). Es el propio mercado el que decide lo que debe producirse y en qué cantidad. De hecho, no se requiere el contacto directo entre consumidores y productores. La clave son las señales que proporcionan los precios.
Si un bien es deseado por un gran número de personas en un mercado, probablemente con el aumento de las ventas su precio suba; los productores, al advertir este hecho, asignarán más recursos a este bien y menos a otros. Así, cada agente económico, buscando su propio interés (los consumidores maximizar su utilidad y los productores sus beneficios), logra satisfacer el interés global del mercado o de la sociedad.
Como veremos en otra unidad más adelante, en algunas ocasiones el mecanismo de la mano invisible del mercado no funciona correctamente y se hace necesaria la intervención de un agente exterior, el Estado, para corregir los fallos del mercado.

En Venezuela en pleno Siglo XXI el trueque se instaló como mercado familiar

El canje de productos básicos surgió como solidaridad entre amigos y parientes.

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El intercambio de artículos de primera necesidad se realiza mayormente entre familiares (G.Pulido)
ELISA VÁSQUEZ |  EL UNIVERSAL
lunes 14 de abril de 2014  08:38 AM
El sueño de Hugo Chávez de impulsar el trueque como una herramienta para debilitar el consumismo se materializó en la familia venezolana. No por decisión, sino por necesidad.

En automercados, bodegas y colas las personas hablan con normalidad de cómo deben comprar en abundancia para luego intercambiar con familiares y amigos los demandados productos regulados.

"Para nosotros es un problema, porque los que nos compran lo hacen multiplicado por 10, para la familia del interior, para el que vive aquí; en fin, es difícil mantener abastecido el supermercado", explica un trabajador de un supermercado de La Castellana.

En ese local Carmen Acosta realizaba la compra de su casa, pero mientras tanto pensaba en sus hermanos de Puerto La Cruz. "Cuando consigo algo, los llamo a ver si tienen. Si no, compro de más y después intercambiamos", explica.

Nancy Castillo, de Catia, hace lo mismo con su familia de Valles del Tuy. El viernes llevaba en su carrito cuatro margarinas. "Mi hermana consigue por allá leche y aceite de maíz, y yo a veces margarina y papel higiénico", explica.

En el Abasto Bicentenario de San Bernardino las personas de tercera edad aseguran apoyarse en el trueque para disminuir los tiempos en cola por determinados artículos. "Una vecina y yo siempre intercambiamos cosas sin pensar en el precio que le damos a cada producto", relata Micaela Toro.

Como ella, muchos prefieren ver a sus amigos y familiares comer antes que hacer de la escasez una oportunidad de estafa. "Es igual de difícil conseguir todos estos productos, entonces hacemos un trueque solidario", explica Carlos Borbely, de San Bernardino.

"Con mis vecinos tengo buenas relaciones. Yo pienso en todos ellos cuando compro y siempre nos estamos dejando productos en las casas", cuenta Francisco Tapia, de Petare.

Valores indeterminables

En la propuesta de Chávez se plantea la creación de pequeños mercados comunitarios para distribuir los alimentos cosechados o elaborados en una zona determinada. El Plan de la Patria (2012) plantea a los grupos de intercambio solidarios como una de las formas de insertar a las familias al aparato socioproductivo y de combatir el capitalismo.

Sin embargo, ese sistema de trueque establece la creación de fichas para valorar los productos (como una moneda), y por tanto no elimina el riesgo a la especulación o a la plusvalía. "¿Saben cómo se llama eso? Socialismo. Aquí no estamos produciendo para ganar dinero", refirió Chávez en 2007.

El trueque, sumado a la escasez, desvirtúa los valores conocidos del mercado mayoritario en el cual la moneda es el Bolívar. Jhonny Perpetuo, trabajador de la construcción, relata que en su sitio de empleo los obreros intercambian los productos de acuerdo a ciertos criterios. Por ejemplo, al ser la harina de maíz precocida un alimento esencial -y por ser más escaso- un paquete de un kilo equivale a dos de arroz, aunque tengan precios similares.

En otros contextos, para evitar injusticias, hay quienes buscan intercambiar por precios exactos. En Punta de Mata, en el estado Monagas, donde las personas acampan a las puertas de los supermercados, Nayreth Meneses, dueña de un centro de copiado, cambia a amigos y conocidos artículos por copias. "Por un paquete de cuatro rollos de papel he pagado Bs 160 en copias. Me sale muy caro, pero es que aquí no se consigue. Me han traído productos de Caracas, de Maturín y de Caripe, porque no estoy dispuesta a caerme a golpes en una cola".

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