Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP

Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP
Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP del cual fue su Coordinador al inicio. GASTRONOMIA (del griego γαστρονομία)es el estudio de la relación del hombre con su alimentación y su medio ambiente o entorno.Gastrónomo es la persona que se ocupa de esta ciencia. A menudo se piensa erróneamente que el término gastronomía únicamente tiene relación con el arte culinario y la cubertería en torno a una mesa. Sin embargo ésta es una pequeña parte del campo de estudio de dicha disciplina: no siempre se puede afirmar que un cocinero es un gastrónomo. La gastronomía estudia varios componentes culturales tomando como eje central la comida.Para mucha gente, el aprender a cocinar implica no solo encontrar una distracción o un pasatiempo cualquiera; pues cocinar (en un término amplio) es más que solo técnicas y procedimientos... es un arte, que eleva a la persona que lo practica y que lo disfruta. Eso es para mi la cocina, con mis obvias limitaciones para preparar diversos platillos, es una actividad que disfruto en todos sus pasos, desde elegir un vegetal perfecto, pasando por el momento en que especiamos la comida, hasta el momento en que me siento con los que amo a disfrutar del resultado, que no es otro más que ese mismo, disfrutar esta deliciosa actividad o con mis alumnos a transmitirles conocimientos que les permitirán ser ellos creadores de sus propios platos gracias a sus saberes llevados a sabores

jueves, 27 de noviembre de 2014

El fin de semana pasé por una tienda de ultramarinos, palabra que me gusta más que la cursi “delicatessen” y es más propia de nuestro castellano. Exhibía sus cestas de Navidad: botellas de escocés y vino, bombones, embutidos y otros fiambres, frascos de espárragos, jamones, galletas danesas y mermeladas. Por mi salud mental no solicité el precio de ninguna pero sí reparé en el hecho de que no eran piezas dignas de un museo opulento. Se trataba de productos espléndidos pero no de los que circulaban en la Venezuela próspera

Cesticas de Navidad

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El fin de semana pasé por una tienda de ultramarinos, palabra que me gusta más que la cursi “delicatessen” y es más propia de nuestro castellano. Exhibía sus cestas de Navidad: botellas de escocés y vino, bombones, embutidos y otros fiambres, frascos de espárragos, jamones, galletas danesas y mermeladas. Por mi salud mental no solicité el precio de ninguna pero sí reparé en el hecho de que no eran piezas dignas de un museo opulento. Se trataba de productos espléndidos pero no de los que circulaban en la Venezuela próspera. Recuerdo de adolescente las cestas de Navidad durante el primer gobierno de CAP. Aquellas sí que eran cestas, no la pobreza de nuestros esquilmados días. Lucían la mejor champaña de Reims, vino de colección, digestivos como el Calvados, foie-gras del glorioso y un producto que ya figura solo en la memoria de ciertos ancianos: caviar sevruga y beluga. En aquellos tiempos no se consumía whisky mayor de edad como no fuesen algunas marcas escogidas y para una ocasión de cata, más allá de nuestro etiqueta negra. Hasta hace poco (gracias Nico por los favores recibidos) este mayorazgo se podía afirmar hasta en nuestro país de escasez pero ahora con los impuestos todo se volverá quimera.
No estoy promoviendo la cultura etílica ni acuñando la posible frase: “Con mi caña no te metas”. La ingesta alcohólica debe hacerse con prudencia y sobre todo con libertad, suma de deberes y derechos y forma además parte de la cultura occidental. ¿Qué ofreció Cristo en la última cena: Frescolita? Ofreció vino. Izquierdosos y envidiosos critican las sociedades del consumismo, derroche y lujo. En ellas, sin embargo, circula el dinero, hay prosperidad y un bienestar que toca a todas las capas de la sociedad. Se equivocan los igualadores marxistas en su condena. Cuando se derrocha significa que hay de sobra, que siempre es preferible a que haga falta. A estos bolcheviques hay que preguntarles: ¿Dónde se vive mejor: en Ciudad Caribia o en Düsseldorf?
Nuestras melancólicas cesticas de hoy son para unos pocos porque el venezolano, empobrecido y endeudado, a la única cesta que aspira es a la de los productos de la cesta básica y que pueda conseguirlos sin colas. De modo que nuestra ideal cesta de Navidad para 2014 es de papel higiénico, jabón para lavar y de tocador, Mazeite, champú, harina PAN, azúcar y como exceso derrochador una botellita de aceite de oliva. Sugiero agregarle a nuestra humilde canasta un ejemplar de1984 de George Orwell.
ANTES   Y EN EL 2014

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