Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP

Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP
Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP del cual fue su Coordinador al inicio. GASTRONOMIA (del griego γαστρονομία)es el estudio de la relación del hombre con su alimentación y su medio ambiente o entorno.Gastrónomo es la persona que se ocupa de esta ciencia. A menudo se piensa erróneamente que el término gastronomía únicamente tiene relación con el arte culinario y la cubertería en torno a una mesa. Sin embargo ésta es una pequeña parte del campo de estudio de dicha disciplina: no siempre se puede afirmar que un cocinero es un gastrónomo. La gastronomía estudia varios componentes culturales tomando como eje central la comida.Para mucha gente, el aprender a cocinar implica no solo encontrar una distracción o un pasatiempo cualquiera; pues cocinar (en un término amplio) es más que solo técnicas y procedimientos... es un arte, que eleva a la persona que lo practica y que lo disfruta. Eso es para mi la cocina, con mis obvias limitaciones para preparar diversos platillos, es una actividad que disfruto en todos sus pasos, desde elegir un vegetal perfecto, pasando por el momento en que especiamos la comida, hasta el momento en que me siento con los que amo a disfrutar del resultado, que no es otro más que ese mismo, disfrutar esta deliciosa actividad o con mis alumnos a transmitirles conocimientos que les permitirán ser ellos creadores de sus propios platos gracias a sus saberes llevados a sabores

sábado, 7 de marzo de 2015

El trauma de comer mal en un restaurante En la Universidad de Stanford se fijaron en las opiniones positivas, y descubrieron que en los locales caros se abusa de las metáforas eróticas para describir la comida, mientras en los baratos, mandan las comparaciones con las drogas

El trauma de comer mal en un restaurante

En la Universidad de Stanford se fijaron en las opiniones positivas, y descubrieron que en los locales caros se abusa de las metáforas eróticas para describir la comida, mientras en los baratos, mandan las comparaciones con las drogas

 El Pai 7 MAR 2015 
Estuditis: dícese de la enfermedad que afecta a universidades y medios de comunicación consistente en la publicación y difusión de estudios innecesarios sobre diversas materias. En su versión más dañina, la estuditis propaga información sesgada, como en los informes sobre las bondades de la cerveza, el café o el chocolate financiados por la industria que los elabora. En la más inocente, los estudios son extravagantes sin más, y uno se pregunta dónde nos llevan sus conclusiones y dónde compran la marihuana los científicos que los promovieron.
No sé si incluir en este último apartado el trabajo de Daniel Jurafsky,un profesor de Lingüística de la Universidad de Stanford, cuyo equipoha analizado el lenguaje de cerca de 900.000 comentarios sobre restaurantes publicados por usuarios en la web Yelp. Su conclusión es que el lenguaje de las críticas negativas se parece al utilizado por personas que han sufrido alguna experiencia traumática. Usan mucho el pasado en vez del presente “para distanciarse de la situación”, “pronombres y menciones a otra gente”, “primera persona del plural” y palabras negativas como “terrible” y “horroroso”.
Según Jurafsky, el tono es similar al de los afectados por el 11-S, los tiroteos en los institutos estadounidenses o los accidentes, de lo cual deduce que los clientes sufren “traumas menores” cuando comen mal o son mal atendidos en restaurantes. ¿Exageración? Atendiendo a mi experiencia particular, podría decir que me he sentido profundamente traumatizado cuando he pagado pastones por comidas mediocres, y también tras pasar duras jornadas disolviéndome en el baño tras ser intoxicado. Los restaurantes traumáticos existen, tanto en la alta cocina como en la cocina de menú de Mordor, pero también pienso que entre los autores de críticas furibundas no faltan los clientes insufribles, los amargados y las drama queens que llevaban ya el trauma puesto antes de sentarse a comer.
En Stanford también se fijaron en las opiniones positivas, y descubrieron que en los locales caros se abusa de las metáforas eróticas para describir la comida, mientras en los baratos, mandan las comparaciones con las drogas. El foie es orgásmico; las patatas fritas enganchan como el crack. Mi teoría al respecto, tan sombría como improvisada, es que sobrevaloramos el sexo y nos escudamos en la adicción para entregarnos a la comida guarrindonga. Aunque quizá este análisis es tan peregrino como el propio estudio, así que cójanlo con pinzas.



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