Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP

Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP
Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP del cual fue su Coordinador al inicio. GASTRONOMIA (del griego γαστρονομία)es el estudio de la relación del hombre con su alimentación y su medio ambiente o entorno.Gastrónomo es la persona que se ocupa de esta ciencia. A menudo se piensa erróneamente que el término gastronomía únicamente tiene relación con el arte culinario y la cubertería en torno a una mesa. Sin embargo ésta es una pequeña parte del campo de estudio de dicha disciplina: no siempre se puede afirmar que un cocinero es un gastrónomo. La gastronomía estudia varios componentes culturales tomando como eje central la comida.Para mucha gente, el aprender a cocinar implica no solo encontrar una distracción o un pasatiempo cualquiera; pues cocinar (en un término amplio) es más que solo técnicas y procedimientos... es un arte, que eleva a la persona que lo practica y que lo disfruta. Eso es para mi la cocina, con mis obvias limitaciones para preparar diversos platillos, es una actividad que disfruto en todos sus pasos, desde elegir un vegetal perfecto, pasando por el momento en que especiamos la comida, hasta el momento en que me siento con los que amo a disfrutar del resultado, que no es otro más que ese mismo, disfrutar esta deliciosa actividad o con mis alumnos a transmitirles conocimientos que les permitirán ser ellos creadores de sus propios platos gracias a sus saberes llevados a sabores

sábado, 11 de abril de 2015

Eso del día del Malbec, a celebrarse este 17 de abril, me suena hueco, como del día de la madre o el del amor y la amistad. ¿No teníamos suficiente ya con la diluida fiesta del Beaujolais Nouveau?"Sería lamentable que un negocio voraz diera al traste con todo un potencial"

CARPE VINUM

"Sería lamentable que un negocio voraz diera al traste con todo un potencial"

VLADIMIR VILORIA |  EL UNIVERSAL
sábado 11 de abril de 2015  12:00 AM
Sobre el Malbec, en su día 
Eso del día del Malbec, a celebrarse este 17 de abril, me suena hueco, como del día de la madre o el del amor y la amistad. ¿No teníamos suficiente ya con la diluida fiesta del Beaujolais Nouveau? 

Los artilugios del mañoso marketing hacen su trabajo. Entonces bulle el afán de "promover el Malbec", y restaurantes donde el servicio cotidianamente es pésimo y el vino importa poco o nada y lo venden a precios absurdamente caros, te sirven un Malbec a trancas y barrancas. ¿Por qué no lo dejan en paz? 

Hay tanto qué aprender aún, apenas asoma su nariz, tiene tanto que madurar, falta tanto por hacer...Ah, Malbec gaucha, hermosa muchacha mendocina, sanjuanina, riojana, salteña, patagónica ¿por qué te exigen tanto? ¡Eres tan torpe todavía, es tan tosca tu belleza!

Así, pienso inevitablemente en lo que me gusta del Malbec bien hecho: sus aromas a violetas y ciruela y moras maduras; en su boca golosa, fresca y fácil, en esa fresca acidez que sabe envolver, como en fino celofán, al buen tanino, dulce y carnoso...

Me gusta el Malbec cuando se lo deja ser, cuando tiene una impronta personal que trata de extraer lo mejor de la variedad (como el Malbec de los hermanos Michelini, en los felinos salvajes de Paul Hobbs, en las hormigas de Antonini, en los tupungatos de Jean Bousquet, en el nervio de los rojos de Carmelo Patti, por ejemplo), en ese Malbec fresco y maduro que se planta irreverente al margen de pastosas y sobre maduras mermeladas, de las sobre extracciones bituminosas y astringentes, de las atosigantes y tramposas sangrías embarricadas, hechas para exportar y servir al gran negocio del vino controlado desde Nueva York o Londres...

No quisiera que el Malbec argentino se perdiera en afanes comerciales sin escrúpulos, en la producción y embotellamiento de "Malbec fotocopia", ese que inunda el mercado y que no dice nada de la variedad y menos del lugar donde se cosecha. Hay un potencial ahí, sí, pero manejado por una industria que puede echarlo todo a perder, que cada vez estandariza y vulgariza más el vino.

El Malbec argentino busca su identidad y no veo el afán de apurarlo, hace poco más de 20 años que tienen trabajándolo loablemente como concepto, para poco a poco dejarlo que se exprese en el viñedo, antes que en los fogones de las bodegas. Sería lamentable que un negocio cada vez más voraz y mercados globales amañados a determinados gustos, dieran al traste con todo un potencial de personalidad y carácter...

La historia del Malbec apenas empieza. Paciencia. Cuidado con ella. 

¡Salud! 



vladimirviloria@gmail.com

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