Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP

Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP
Carlos Fierro con un grupo de egresados del Diplomado en Gastronomía de la UJAP del cual fue su Coordinador al inicio. GASTRONOMIA (del griego γαστρονομία)es el estudio de la relación del hombre con su alimentación y su medio ambiente o entorno.Gastrónomo es la persona que se ocupa de esta ciencia. A menudo se piensa erróneamente que el término gastronomía únicamente tiene relación con el arte culinario y la cubertería en torno a una mesa. Sin embargo ésta es una pequeña parte del campo de estudio de dicha disciplina: no siempre se puede afirmar que un cocinero es un gastrónomo. La gastronomía estudia varios componentes culturales tomando como eje central la comida.Para mucha gente, el aprender a cocinar implica no solo encontrar una distracción o un pasatiempo cualquiera; pues cocinar (en un término amplio) es más que solo técnicas y procedimientos... es un arte, que eleva a la persona que lo practica y que lo disfruta. Eso es para mi la cocina, con mis obvias limitaciones para preparar diversos platillos, es una actividad que disfruto en todos sus pasos, desde elegir un vegetal perfecto, pasando por el momento en que especiamos la comida, hasta el momento en que me siento con los que amo a disfrutar del resultado, que no es otro más que ese mismo, disfrutar esta deliciosa actividad o con mis alumnos a transmitirles conocimientos que les permitirán ser ellos creadores de sus propios platos gracias a sus saberes llevados a sabores

jueves, 16 de abril de 2015

¿Por qué hay que hablar de lo que se dijo en la rueda de prensa de Alimentos Polar?; por Angel Alayón

¿Por qué hay que hablar de lo que se dijo en la rueda 

de prensa de Alimentos Polar?; por Angel Alayón

Por Angel Alayón | Blog PRODAVINCI 7 de febrero, 2015
Por qué hay que hablar de lo que se dijo en la rueda de prensa de Alimentos Polar por Angel Alayón 640
Manuel Felipe Larrazábal, el Director de Alimentos Polar, dijo una frase que debe
alertarnos y orientar las acciones del gobierno nacional: “No se puede producir 
a pérdidas perennemente”. No se trata de un problema de voluntad. Se trata de un
problema financiero e incluso físico: cuando se vende un producto a un precio
por debajo de los costos de producción se destruyen los recursos necesarios
para continuar produciéndolo. El ejemplo más claro lo ofrecen las piezas publicitarias
que está difundiendo el gobierno para promover el aumento en el precio de la
gasolina. En una de ellas una señora que vende empanadas dice que el costo de
producirlas es de 8 bolívares sin contar las ganancias y, cuando sus socias le
preguntan a qué precio pretende venderlas, ella contesta que el precio de venta será
de 2 bolívares. La respuesta colectiva es un quejido que anticipa la quiebra del
pequeño emprendimiento y que resume lo absurdo de la situación.
No deja de ser paradójico que los publicistas del gobierno hayan utilizando la
técnica de representar una situación descabellada para producir un efecto de
conciencia, en un país donde la política de control de precios obliga a las empresas
a producir precisamente bajo las mismas circunstancias escenificadas en el
comercial. Las pérdidas son la receta segura para desaparecer, tarde o temprano,
a las empresas y su producción. Producir a pérdidas es destruir.
Larrazábal explicó que el maíz, la materia prima para elaborar la harina precocida
y el principal costo de producción, fue aumentado por el gobierno un 218% en
septiembre de 2014. El aumento del precio autorizado en la resolución del 4
de febrero de 2015 es de 53% al llevar el precio máximo de venta a 19 bolívares
el kilo. El rezago entre los costos y el precio es evidente. Si suponemos que el maíz
representa el 70% del costo de producción de la harina, el rezago en precios ya
alcanzaba 153% sólo por el aumento del costo de la materia prima, un número
que triplica el aumento publicado en Gaceta. Esto sin considerar los otros componentes
de costos que se han visto afectados por la inflación creciente y generalizada que
vive Venezuela. Ni hablar de la ganancia necesaria, uno de los motores
imprescindible de la inversión.
El control de precios fracasó, como ha fracasado desde hace más de cuatro mil 
años de historia. La escasez y el aumento de los precios relativos a los consumidores
de los productos regulados, el racionamiento formal e informal y la pérdida de
la diversidad son evidencias suficientes de que es urgente desmontar la forma
en la que el gobierno venezolano interviene en los precios en Venezuela. Como lo
hicieron China y Brasil en su momento, para nombrar apenas dos de muchos
ejemplos de países que abandonaron los controles de precios y terminaron
convirtiéndose en potencias agroalimentarias. Así, a través de la competencia, esos
dos países han logrado mayor producción, mayor inversión, más oferta y, no menos
importante, precios asequibles de los alimentos para sus ciudadanos.
El otro componente importante de la resolución fue la eliminación de las mezclas. Las
empresas productoras de harina precocida de maíz tenían autorización de producir
mezclas hasta un 30% de su producción. Esto ya no será posible a partir de la nueva
regulación. La eliminación de las mezclas es un movimiento desesperado del gobierno
que tiene como objetivo incrementar la presencia de harina regulada en los anaqueles.
Y digo “desesperado” porque, por una parte,  la medida reduce aún más la diversidad
de productos en Venezuela (uno de los efectos perversos de los controles de
precios) y, por otra, no afectará el total de harina precocida de maíz disponible
para la población. Los controles de precios son la kryptonita de la competencia y
la diversidad. Alimentos Polar sólo puede seguir produciendo los 605 millones de
kilos de harina precocida de maíz porque su capacidad instalada está siendo
utilizada al 100%.
El representante de Alimentos Polar dijo que la única forma de acabar con la escasez
y el desabastecimiento es que las otras plantas de la competencia también produzcan
a su máxima capacidad. Eso significa, en concreto, que las empresas productoras
de harina precocida de maíz en manos del Estado aumenten su producción. Según
Larrazábal, las empresa estatales trabajan hoy por debajo del 50% de su capacidad
instalada y controlan la mitad de la capacidad total de producción de harina
precocida de maíz en el país. El dato es conservador. Roberto León Parilli,
Presidente de ANAUCO, ha estimado la producción de las empresas estatales en
menos del cincuenta por ciento de su capacidad. En números gruesos, si bajo
propiedad estatal se encuentra la mitad de la capacidad instalada y producen a la
mitad de esta capacidad, tenemos de entrada un 25% menos de producción de la
que debería estar disponible en el mercado venezolano.  Y eso se debe a la
improductividad de las empresas estatales.
Allí, en esa ineficiencia que lamentablemente se repite en tantas empresas estatales,
también está otra de las causas de la escasez que tanto afecta a los venezolanos.
Es urgente avanzar en un proceso de desestatización acelerada (un término acuñado
por Víctor Álvarez) de las empresas productoras de alimentos que están en manos
del Estado y no producen lo que deberían, siendo además una carga pesada para
el fisco nacional y para los consumidores. Esas empresas deben pasar, lo más
pronto posible, a manos de quienes sí saben cómo poner a producir una planta y
no requieren del financiamiento de los ciudadanos. A manos de empresarios y
trabajadores que, más bien, aspiren a competir por satisfacer los deseos, las
preferencias y las necesidades de los venezolanos.
Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, reveló el hecho de que nunca en la
historia se ha producido una hambruna en un país democrático. Las hambrunas
sólo ocurren cuando ya no es posible expresarse sin consecuencias. El silencio
no es una opción ante situaciones productivas delicadas en materia de alimentos
y medicinas. La opinión pública debe saber qué es lo que pasa. Y ésa es la
premisa de Sen: cuando se habla, alguien escucha; y cuando alguien escucha
hay oportunidad de rectificación. Una empresa productora de alimentos habló
y debe ser escuchada

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